Cnel. Nicolás Dávila, Héroe de Copiapó
Libertador Gral. José de San Martín
La Rioja, 17 de agosto de 2017Acto cívico en honor del Libertador Gral. San Martín
Palabras a cargo del Prof. Luis María Mesquita Errea, por la Asociación Sanmartiniana
LA GESTA CORDILLERANA DE SAN MARTIN Y NICOLAS
DAVILA, NOBLES HOMBRES DE CORAJE
Evocar la figura
de San Martín y de los riojanos como Nicolás Dávila que respondieron a su
pedido de auxilio para formar el Ejército de los Andes y concretar el plan
continental es reavivar nuestras esencias, pues sin honrar sus tradiciones un
pueblo se transforma en masa carente de identidad y fortaleza.
Era un arquetipo
de hombre superior quien hacía este llamado desde Cuyo.¡El plan continental!,
modelo de sabiduría guerrera, se cumplirá venciendo obstáculos gigantescos como
la cordillera. El Gobierno le dará
facultades de “Jefe expedicionario en
tierras lejanas”, con sabor de leyenda,
clarines, estandartes al viento,
cóndores y lanzas..
Gobernador de
Mendoza pone al servicio de estos objetivos su formación de alta escuela, que suma
excelencias desde su entrada en el Seminario de Nobles de Madrid, a los 11 años
y su ingreso como cadete al regimiento de Murcia, a los 12, inicio de su vertiginosa
carrera militar. Con coraje frío y temerario gana las insignias de Teniente
Coronel peleando contra las fuerzas del Gran Corso en el berberisco campo de batalla de Bailén. De allí trae el ágil sable corvo, símbolo de arrojo
de sus épicos granaderos.
Llegado al país
en 1812 la Junta
le confirma el grado y organiza el Regimiento de Granaderos a Caballo. Su Bautismo
de fuego en San Lorenzo, será con riesgo de vida para él…
En Mendoza monta
la legendaria Maestranza, donde ni a él mismo le era dado entrar si no cumplía sus
estrictas normas de vigilancia; allí se fabrican desde cañones hasta uniformes y
objetos de piedad para sublimar con la
Fe la virtud del coraje.
“Cuando San Martín se hizo cargo del gobierno
de Cuyo e inició la formación del Ejército (septiembre de 1814) –dice el Cnl.
Lanús- gobernaba en La Rioja Don Francisco
Xavier de Brizuela y Doria, a quien reemplazó su hijo Ramón, en 1815”… “Tanto
estos dos gobernadores como los que los sucedieron, particularmente el Tte.
Coronel Benito Martínez (…) colaboraron con entusiasmo en la organización del
Ejército, facilitando el reclutamiento de personal y disponiendo envíos
periódicos de ganado y elementos necesarios para su abastecimiento”. Así, “el
nombre de la Provincia
quedó honrosamente vinculado a este período de la empresa libertadora” (Lanús,
pp. 95-6).
La Rioja no desmintió el legado de su heroico
fundador Ramírez de Velasco. Declarada
autónoma con el Gobernador Ramón de Brizuela y Doria y con voz en el Congreso
de Tucumán con el gran Castro Barros, superó las expectativas sanmartinianas.
En esos tiempos
la sociedad era como una familia de familias, viviendo sin grandes lujos pero
con distinción, en una economía natural sobria y productiva, sin emisión de
moneda ni estatismo invasor. Las capitales
históricas eran ciudades-provincia con su historia, héroes y figuras típicas. Así,
La Rioja fue capaz
de enviar remesas enteras de pólvora para reserva y adiestramiento de tropa en
el tiro, descuidado hasta entonces; se
habían mandado 900 mulas, 30 quintales de explosivo, 100 reclutas para el III
Escuadrón de Húsares, como consta en la
memoria de Ramón Brizuela y Doria al Director Supremo Pueyrredón, que agradece las elocuentes pruebas de su
celo.
En abril de 1816 San
Martín pide 50 quintales de plomo para balas y 300 suelas para monturas, artículos que, dice sólo esa provincia puede surtir…
Del Oeste riojano
y Anguinán parten100 cargas de harina superior, con sus sacos y aperos. La
caridad en La Rioja
no empezaba por casa… En el 17, envía
nuevas contribuciones de pólvora. pese a la carestía por haberse enajenado los
agricultores de su alimento, y la falta de mano de obra por las levas
frecuentes. El Supremo Gobierno tributa las más expresivas gracias a nuestros generosos
coterráneos.
Asimismo hay
otros aportes de personal para el Ejército, fuera del que integró la Expedición a Copiapó. Nuestra
Rioja, señores, cumplió como pocas provincias.
Fue una hazaña
que en breve San Martín lograra tener un ejército que requeriría 10.000 mulas y
1600 caballos para cruzar los Andes, y batirse con un enemigo fogueado en memorables
batallas del Viejo Continente.
Las patricias
mendocinas y Remedios de Escalada, quieren tener lista la bandera para el día
de Reyes, como lo quiere el General. Le piden al Cristo del oratorio familiar que
la victoria acompañe su paño azul y blanco, colores de la Inmaculada.
Hay expectación
ante la inminente partida del Ejército: sólo faltan la bandera y la advocación
divina.
Los campanarios
de Mendoza inundan los aires de repiques sonoros. En la Iglesia Matriz, ante la
multitud enfervorizada, Nuestra Señora del Carmen es llevada en procesión. San
Martín toma la bandera y la presenta al sacerdote, que la bendice.
Terminada la misa
cantada con el Te-Deum, la procesión se dirige a la Plaza mientras los cuerpos
militares presentan armas. Se entroniza la Virgen, Patrona jurada del Ejército de los Andes
por voluntad de su jefe. San Martín, bendecido su bastón de mando, lo pone en
manos de la Emperatriz
de América exclamando: ¡Soldados: esta es
la primera bandera independiente que se ha levantado en América! batiéndola
tres veces en medio de salvas de cañones y fusilería. La alegría de un pueblo fervoroso
es preludio de victoria.
Rumbo a la
cordillera!, aprovechando ardides de guerra psicológica ideados por San Martín.
Alvarez Condarco
es rechazado por el Gobernador español , “por el camino más corto” ,
permitiéndole trazar un precioso croquis! Aparenta revelar a los toquis
indígenas los puntos por dónde pasarán sus fuerzas. Ufanos de la confidencia,
desparraman la falsa noticia.
Las fuerzas
fernandinas desorientadas se extienden a
lo largo de 300 leguas reduciendo su concentración.
Avanza el Gran Capitán
dispuesto a cruzar una de las cordilleras más altas del globo. Sabe que es ahora o nunca.
Vence cuatro
cordilleras intermedias. El río Los Patos lo hostiga sin piedad; la puna le
ocasiona bajas. Las cumbres de la
Espinacita lo dejan colgado sobre una bajada de 4000 mt. San
Martín sufre y resiste.
Tales vicisitudes
acosan a las 6 alas que incluyen las 4 columnas auxiliares.
Pero en Chile
asoma el histórico triunfo de Chacabuco. Triunfan la audacia y estrategia de
San Martín y las ganas de vencer que ha sabido transmitir al ejército. Imposible
una coordinación más exacta, comenta Lanús.
Santiago festeja
en aristocrática y fraterna tertulia hermanando a argentinos y chilenos. Vencidos
los Andes la emancipación es irreversible. San Martín lo había dicho: ¡Animo,
que para los hombres de coraje se
han hecho las empresas arduas!
Es la mejor definición de nuestro héroe riojano Nicolás
Dávila, hombre de acción, auténtico representante del modelo de varón de clase
dirigente tradicional como enseña Pío XII en sus famosos discursos sobre Nobleza y élites tradicionales.
Dávila cuenta que avanzó en la noche (como un felino) para llegar
a Copiapó ese mismo 12 de febrero. Desprendió
una partida de 20 infantes al mando del Teniente Larrahona aprovechando la oscuridad
para tomar a la bayoneta la guardia del cuartel.
El BRAVO Larrahona ejecutó la orden, sin trepidar, y cuando
el centinela dispara el fusil al oír el grito: ¡Viva la patria! dado con voz de trueno por aquel oficial, yo
entraba –relata- por la otra bocacalle con los infantes desplegados en
guerrilla al trote y protegidos por la
caballería. Las fuerzas enemigas quedan inutilizadas y economizada la sangre de
nuestros milicianos, penetrando la división sin disparar un solo tiro.
El 16 recién entró el Coronel Zelada con el resto de la
división en medio de las aclamaciones del pueblo, y observando el contingente
de estos milicianos, tostados por el cierzo helado de los Andes, –agrega- no se desdecían de la gloria de sus
compañeros, que habían triunfado ya a en las llanuras de Chacabuco.
Nicolás Dávila nació y fue bautizado en esta ciudad de La
Rioja el 14 de abril de 1786 según documentación aportada por el dedicado
genealogista Alfredo Cabral. Fueron sus padres Don Francisco Javier de Brizuela
y Doria y Doña María Rosa del Moral y Andrada.
Anotado como Nicolás Brizuela del Moral, llevaría el ilustre
apellido Dávila como sus hermanos con excepción del mayor, Ramón de Brizuela y
Doria, cumpliendo normas establecidas
por sus antepasados fundadores del Mayorazgo de San Sebastián. Nicolás y Ramón,
y un tercer hermano, el valiente General Miguel Dávila, desempeñarían un rol histórico
junto a su padre, en cuya hacienda se formaron en Sañogasta (casa 14), conforme
censo de 1810.
Casado Nicolás adquirió tierras en Nonogasta, solar de su
distinguida mujer Doña Ma. Vicenta Gordillo y Castro, construyendo casa, hacienda, bodega y
fundición de metales, más tarde Casa de la Moneda.
Edificó la
Iglesia de San Vicente Ferrer (MHN), y cruzando la cordillera
a lomo de mula desde Copiapó con ella, entronizaron la artística talla del Patrono,
venerado con arcos de flores, alférez a
caballo y procesión por sus descendientes y todo el pueblo.
Dice el historiador Zinny que Don Nicolás era “Comandante de
la Capitanía
de Famatina cuando el Gobernador Martínez, a fines de 1816, le ordenó preparar
dos escuadrones de milicias para el 15 de enero siguiente”.¡Poco tiempo para tal
empresa!
La
Capitanía abarcaba los actuales departamentos Famatina y
Chilecito, incluyendo Nonogasta y Sañogasta
En Sañogasta fue que Don Nicolás y su padre Don Francisco
Javier de Brizuela y Doria “fundieron los primeros cañones argentinos, para
luchar por la libertad”. Allí también estaba la fábrica de la pólvora enviada a
San Martín.
Con la colaboración familiar y de una pléyade de patriotas
tuvo listos sus escuadrones para la fecha fijada. Zinny dice: “… lo más selecto
de la juventud riojana; se encontraban el Capitán Miguel Dávila, hermano
del Comandante, el Capitán José Benito Villafañe, el Capitán Manuel
Gordillo, los Oficiales Mateo Larrahona, Noroña y muchos otros”. Lo llama
“Comandante” pues fue el verdadero jefe de la expedición, el Héroe de Copiapó.
Hemos mencionado los aportes de pólvora y mulas de su
familia paterna venciendo carencias y dificultades. Su importancia para la
emancipación consta en la carta con la que San Martín lo agradeció al
Gobernador Ramón Brizuela y Doria, conservada en Sañogasta.
Partieron de la antigua Iglesia de Santa Rita de Chilecito
luego de oír misa con 120 milicianos locales y otros 200 de la Capitanía de Los Llanos traídos
por su Teniente, don Fulgencio Peñaloza. Recogieron avíos en Nonogasta y en el
Vinculado; cruzaron la Sa.
de Sañogasta y los cerros de Aicuña. Se
les facilitó el pastaje en las estancias del Mayorazgo de San Sebastián, dice
Lanús.
Fue providencial que Don Nicolás conociera esos campos a la
perfección, pues su padre le había confiado su administración.
Acometió la toma de Copiapó y El Huasco con pleno éxito. Conforme
la estrategia sanmartiniana, aquel 12 de febrero todas sus fuerzas lograron su
objetivo. Nicolás Dávila fue, en la misión encomendada a La Rioja, el ejecutor audaz,
con generosidad para darlo todo a la causa de la Independencia.
Fue destacado Gobernador de la Provincia de 1821 a 1823 fomentando la
educación y la agricultura; en la
Casa de la
Moneda de Nonogasta acuñaba preciosas monedas de oro –muy
valoradas hoy por autoridades en Numismática.
Su trayectoria, como dijimos, fue un ejemplo del papel de las élites
tradicionales cuya misión perenne, en perfecta compatibilidad con una verdadera
democracia, es preservar la tradición y
ser así factor de progreso.
Pues la Tradición, sabiduría forjada en el pasado que debe
guiar el presente, es un valor imprescindible; el progreso sin la tradición
se transforma en un peligroso salto a la
oscuridad, en barbarie organizada,
enseña Pío XII -.
A esas élites tradicionales que representa el ejemplo de Nicolás
Dávila les cabe una alta misión por el bien de toda la sociedad. Son, enseña el
Papa, “…la comunidad de las familias que
ponen por tradición todas sus energías al servicio del Estado, su Gobierno
y su Administración, y con cuya
fidelidad puede éste contar en todo momento”.
Magnífica definición que “recuerda las grandes estirpes de
descubridores, colonizadores y agricultores que construyeron el progreso de las
Américas y, manteniéndose fieles a sus tradiciones, constituyen la preciosa
riqueza moral de las sociedades en que viven,” dice el Plinio Correa de
Oliveira en su obra Nobleza y Elites
tradicionales.
Por eso, celebrando en este día la gesta sanmartiniana queremos
recordar esa misión que no puede faltar en la sociedad.
Para estar a la altura de ella -le dice Pío XII a cada
oyente- debe ser hombre de valor, con una
fortaleza de ánimo que ni las más duras pruebas consigan abatir; … que no
solamente os convierta en perfectos soldados de Cristo para con vosotros mismos sino también, …, en animadores y sustentadores de quienes se sientan tentados de dudar o
ceder.
Debe tener una prontitud
para la acción, que no se atemorice en previsión de ninguno de los sacrificios
hoy exigidos por el bien común [que]… os
preserven de caer en un ‘abstencionismo’ apático e inerte, que sería gravemente culpable en una época en la que están en
juego los más vitales intereses de la religión y de la patria.
Fortaleza de ánimo
–prontitud para la acción – generosa adhesión a los preceptos católicos que
forjaron la patria desde sus primeros albores, Nicolás Dávila dio sobradas
pruebas de tenerlos… Que su ejemplo fructifique en nuestros jóvenes y en toda
la sociedad siguiendo los pasos que hoy evocamos con agradecimiento y
esperanza.