Santiago del Estero - Emblemático monumento a Francisco de Aguirre
Santiago del Estero, primera ciudad argentina, le rindió debidas honras a Francisco de Aguirre, consolidador del Tucumán y 2º fundador de la "Madre de Ciudades". Es uno de los monumentos más épicos que existen, que nos recuerda que los vecinos feudatarios, primeros pobladores, debían responder personalmente a cualquier necesidad de defensa, dejar cualquier actividad y su familia para intentar rechazar los ataques de los aguerridos indios de la extensa gobernación, que durante siglos asolarían las ciudades. Quienes hoy sólo buscan motivos de desprestigiarlos, olvidan que sin ellos no hubiera existido la Argentina; que fundaron familias perdurables que constituyeron un aporte esencial para su estructuración; que muchos de ellos fueron nobles o hidalgos de pro, como los llama Levillier, que a pesar de sus defectos y limitaciones transmitieron valores de arrojo, caballerosidad y cristiandad que se encarnaron en el alma argentina. Diversos historiadores de distintos cuadrantes ideológicos reconocen que en esos tiempos fundacioniales se forjaron no sólo la organización político-social que hasta hoy perdura (ciudades, futuras ciudades-provincia), sino algo más esencial: la matriz del alma argentina.
Con la propia sangre
No todo son rosas aquí…ni en ninguna parte ni época. Diversos factores –barbarie, paganismo, deseo de expulsar a los venidos de otra parte, malos tratos e injusticias, odios raciales y religiosos- hacen brotar de las entrañas de la tierra furiosas oleadas de indios de guerra.
Lo fundado ha costado sangre, sudor y lágrimas. Es parte de una realidad sagrada que Jesús vino a traer a todos los hombres y compró con su Sangre preciosísima. La autoridad del Rey, conferida por la Sede Apostólica, no debe ser humillada por los paganos.
Los Vecinos Feudatarios salen al frente de sus mesnadas integrando pequeños y aguerridos ejércitos de connotaciones feudales comandados por el Gobernador, su Teniente o algún vecino Maestre de Campo. Es obligación del feudatario atender las convocatorias sin demora y en forma personal, secundados por sus hijos y paniaguados. No es menuda carga ni tiene cantidad de días por año. Cuando haga falta, con buen o mal tiempo, oportuna o inoportunamente. No sabe si volverá, pero va porque “Dios lo quiere”…
Son realidades trascendentes que, a diferencia de tiempos que vendrán, tienen plena vigencia en este mundo aún emparentado a la Edad Media y a Isabel, ajeno a la mentalidad de colonia defendida por mercenarios. Antes morir que abandonar la tierra donde fue plantada la Cruz, donde nacen cristianos de sangre criolla, mestiza, aborigen y negra. Donde ya se cosechan frescas uvas, se toma vino torrontés y se multiplican las reses. Donde arde frente al sagrario el aceite de las olivas del Arauco, honrando la presencia real del “Pan de los Angeles”, que antes de la transubstanciación fuera harina del trigo de las haciendas.
Criollos de pro
Son éstas en realidad verdaderos feudos aunque la Corona, influenciada por los legistas, niegue a los feudatarios la concesión de jurisdicción política, para que no sean señores feudales en toda la extensión del término (cf. Nobleza y élites tradicionales análogas – Revolución y Contra-Revolución en las tres Américas).
En los siglos XVI y XVII se destacan prohombres hijos de la tierra provenientes, casi todos, de nobles linajes: fray Hernando de Trejo y Sanabria, Obispo del Tucumán, y su medio hermano Hernandarias, primer Gobernador criollo del Río de la Plata; el General y Gobernador Jerónimo Luis de Cabrera II, nieto de dos fundadores de ciudades; el Gobernador interino Francisco Vera Mujica; el Teniente de Gobernador Miguel Salas y Valdez, que traslada Ibatín; el cronista Ruy Díaz de Guzmán; los Avila Barrionuevo, los Gregorio Bazán, los Tejeda, los Toledo Pimentel, los Luna y Cárdenas; el fundador de Nuestra Señora de Belén, Maestro (sacerdote) Bartolomé de Olmos y Aguilera; el hidalgo jesuita mártir, San Roque González de Santa Cruz; el noble vecino encomendero y misionero, Pe. Pedro Ortiz de Zárate, mártir de Santa María de Jujuy.
La grandeza en todos los órdenes estaba al alcance de los nacidos en suelo americano. Y ellos estuvieron a la altura de las circunstancias…
(Sigue en 7a. nota: Cabildantes, guerreros e intervenciones sobrenaturales en la Argentina fundacional)
sábado, 6 de junio de 2020
SIGLOS de FE..., 5a. nota - Un gobernador exponencial del Tucumán - El encuentro con el indígena - "La forma del alma es la inmensidad"

Un gobernador exponencial
La gran empresa de organizar el Tucumán con sus 700.000 km2 de cerros y selvas es fruto del pensamiento de una pléyade de estadistas de la talla de Toledo y Matienzo. Desde Lima y Charcas trazan las líneas maestras que ejecutan sobre el terreno hombres como Ramírez de Velasco, dice Roberto Levillier.
Felipe II lo eligió a él para gobernar el Tucumán. Pertenecía al linaje, de origen real, de “los verdaderos Ramírez”, aglutinados a la manera feudal en la Divisa Solar de Nuestra Señora de la Piscina Probática. Antes de radicarse aquí con su familia, lleva a su primogénito a rendir pleito-homenaje al Señor Divisero. Embarca también a nobles para que echen raíces y eleven el ambiente, cumpliendo su misión de promover excelencia. Uno de ellos es Francisco de Argañaraz, que en su honor llama a la ciudad San Salvador de Velasco en el valle de Jujuy.
Su gobierno, como es usual, tiene como presupuesto y meta el bien común y genera progreso moral y material. También es fundador: Madrid de las Juntas y Todos-Santos de la Nueva Rioja.
Es para los vecinos un padre, y su mujer –de noble casa- muy grande onrradora.Se verifica lo de Salvador de Madariaga: lo que España hizo en América fue ennoblecer.
Encuentro con el indígena
Las ciudades adoptan nombres que no sólo son poéticos, son proclamas de Fe.
Ellas atraen al indio, que allí se encuentra con el español, y en las misiones, encomiendas y reducciones. Pues otra idea vigente es que “en poblar y en encomendar es el mayor servicio que…se pueda hacer en esta tierra a Dios”.
Para conocer las encomiendas, tan calumniadas hoy, podemos recurrir a los expedientes de las Visitas, donde quedaron asentados los dichos de los indios. Hay denuncias contra encomenderos pero son poco numerosas; en cambio hay testimonios abundantes de indígenas que reconocen el buen trato que reciben de aquellos. Hay expresiones de afecto de los señores por sus encomendados, y existe la interesante práctica de pedir la conformidad de la comunidad indígena para la designación de un nuevo encomendero (cf. Alicia Sosa de Alippi, Registro de Encomiendas en territorio argentino – Siglo XVII, p. 28).
Su principal razón de ser es convertir a los naturales y consolidar las poblaciones brindando un incentivo a los beneméritos que las gobiernan y defienden sin sueldo alguno.
¿Cómo logra Ramírez de Velasco la vital conversión de don Juan Calchaquí hijo? Invitándolo a visitar las ciudades y las encomiendas.
Lo que más toca su alma son las ceremonias religiosas. El aborigen se maravilla por los misterios de la Fe pues “la forma del alma es la inmensidad” (cf. San Bernardo ap. L’Esthétique du Moyen-Âge).
Van naciendo cofradías de aborígenes con sus cantos y tradiciones, trajes típicos y arcos de flores, que influyen en el ambiente y costumbres de las ciudades fundadas por los blancos. Podemos verlas también hoy en día en los a y l l i s del Niño Alcalde y en los Chinos de la Virgen de Andacollo en La Rioja. Las multitudes de peregrinos que acuden a los santuarios van germinando en esas primeras conversiones del alma indígena y mestiza.
(Próxima entrega: "Con la propia sangre...", referida a la defensa de las ciudades por los vecinos encomenderos al modo feudal, con permanente riesgo de su vida)
Ilustraciones
Escudo de armas de Ramírez de Velasco, descendiente de "los verdaderos Ramírez", linaje real de Navarra, Señor Divisero de la Divisa Solar de Nuestra Señora de la Piscina, cofradía familiar caballeresca y mariana, originada en la participación de los Infantes de Navarra, sus antepasados, en las Cruzadas
Guerrero abipón, retratado por el P. Dobrizhoffer, revestido de elegantes y bellas pieles de jaguar.
Lo mejor del encuentro con el indígena se dio en los aspectos maravillosos de la civilización cristiana en las respectivas culturas. Hoy puede apreciarse en las tradicionales fiestas patronales de muchas ciudades históricas y pueblos argentinos.
(Sigue en 6a. nota: Los olvidados héroes a quienes debemos la fundación de las ciudades-provincia de la Argentina fundacional)
(Sigue en 6a. nota: Los olvidados héroes a quienes debemos la fundación de las ciudades-provincia de la Argentina fundacional)
SIGLOS de FE..., 4a. nota - Fe y resistencia en el Tucumán - El Papa y el Rey Católico: las "dos majestades" a quienes prestar heroicos servicios
"Los trece de la fama": el Tucumán recibió la civilización cristiana hispánica desde el Perú. La escena inmortaliza el heroismo del Marqués Pizarro, arquetipo de los conquistadores del Perú. (Imagen reproducida de : "Nobleza y élites tradicionales análogas", de Plinio Corrêa de Oliveira, t. II: "... Revolución y Contra-Revolución en las tres Américas", Apéndice hispanoamericano de la obra).
Fe y Resistencia
El Barco se consolida con Francisco de Aguirre, quien la rebautiza Santiago del Estero. Los tres traslados anteriores costaron a sus habitantes inmensas pérdidas y desaliento. Pero no se entregaron, continúan afrontando penurias y venciendo dificultades que Teresa Piossek describe con maestría.
Su característica es el espíritu de resistencia y Fe. Su mayor sufrimiento no es exponer la vida sino el no tener sacerdotes. Como están privados de sacramentos, no son tradicionales rezadoras sino los vecinos principales quienes rezan y organizan rogativas y procesiones. Los curtidos en cien combates. Los que empuñan el arado con los indios. Los que reproducen el milagro de la viña o del olivo entre quebrachales y algarrobales. En las riberas del Dulce resuenan cánticos religiosos de Talavera de la Reina o Medellín...
La tentación de volver al Perú y abandonar una tierra sin oro ni plata, donde hay enemigos con flechas que hacen morir cruelmente, es rechazada para que no se pierdan las almas de los naturales en vías de conversión. Son las palabras que conserva la historia del veterano Cap. Miguel de Ardiles al Teniente Juan Gregorio Bazán: su voto es decisivo.
El mismo espíritu sopla en el Plata. En 1536, el Adelantado Pedro de Mendoza ha establecido un asiento precario en el Río de Solís que pasa por indecibles probaciones. Santa María de los Buenos Aires, pese a lo breve de su existencia, levanta cuatro capillas.
Se configura el orden cristianoLa Cristiandad hispánica argentina da pasos ciertos:
Nace su primera gobernación, el Tucumán, desde la cuna vinculada al Perú, centro de nobles virreyes, graves estadistas, sabios prelados y aún de santos. Felipe II, su creador, la enriquece con tres regalos dignos de un Rey: el escudo de armas de Santiago, la milagrosa Sábana Santa y la presencia de San Francisco Solano.
A pedido del monarca, Pío V, Papa y santo, instituye el Obispado de la Sta. Cruz del Tucumán, primera diócesis argentina.
Grandes de nuestra HistoriaEl Papa y el Rey Católico son, para los primeros pobladores, las dos Majestades: servirlas es el ideal supremo de vida. La clase noble tiene sentido trascendente de la existencia; lo reconoce un autor como José Luis Romero, que no simpatiza con nobles ni trascendencias.
Los conquistadores dan principio a linajes y tradiciones. Aguirre, Juan Gregorio Bazán, Mexía y Mirabal, Juan Pérez de Zurita, Jerónimo Luis de Cabrera, Juan Ramírez de Velasco, son grandes señores y esforzados capitanes que dejan su impronta.
Entre los de heroísmo excepcional se cuenta Francisco de Argañaraz y Murguía. Sus antepasados, Señores de Mayorazgo, se destacan en la famosa batalla de Mühlberg, donde el Emperador, con el “gallardo y noble talle” que pintó Tiziano, bate a los electores protestantes. Les toca la gran responsabilidad de custodiar al general vencido, príncipe Mauricio de Sajonia. En la toma del fuerte de la Florida, el padre de nuestro Argañaraz derrota a punta de espada la guardia de franceses calvinistas y abre las puertas al ejército español.
Su hijo es el que, desafiando desalentadores presagios que templan más su acero, funda Jujuy, cerrando el prolífico ciclo fundacional. El coraje proverbial de su estirpe lo lleva a la increíble captura del cacique Viltipoco, sacado de sus sueños por el audaz capitán, que se filtra en plena noche en un cerro desconocido, erizado de guerreros enemigos. No le hace daño al prisionero, y el buen trato que le da, sumado a su afán apostólico, obra la conversión del jefe y gana el valle.
Lo dice Sierra: “en las duras jornadas, son misioneros los conquistadores y conquistan tierras los misioneros”.
El Barco se consolida con Francisco de Aguirre, quien la rebautiza Santiago del Estero. Los tres traslados anteriores costaron a sus habitantes inmensas pérdidas y desaliento. Pero no se entregaron, continúan afrontando penurias y venciendo dificultades que Teresa Piossek describe con maestría.
Su característica es el espíritu de resistencia y Fe. Su mayor sufrimiento no es exponer la vida sino el no tener sacerdotes. Como están privados de sacramentos, no son tradicionales rezadoras sino los vecinos principales quienes rezan y organizan rogativas y procesiones. Los curtidos en cien combates. Los que empuñan el arado con los indios. Los que reproducen el milagro de la viña o del olivo entre quebrachales y algarrobales. En las riberas del Dulce resuenan cánticos religiosos de Talavera de la Reina o Medellín...
La tentación de volver al Perú y abandonar una tierra sin oro ni plata, donde hay enemigos con flechas que hacen morir cruelmente, es rechazada para que no se pierdan las almas de los naturales en vías de conversión. Son las palabras que conserva la historia del veterano Cap. Miguel de Ardiles al Teniente Juan Gregorio Bazán: su voto es decisivo.
El mismo espíritu sopla en el Plata. En 1536, el Adelantado Pedro de Mendoza ha establecido un asiento precario en el Río de Solís que pasa por indecibles probaciones. Santa María de los Buenos Aires, pese a lo breve de su existencia, levanta cuatro capillas.
Se configura el orden cristianoLa Cristiandad hispánica argentina da pasos ciertos:
Nace su primera gobernación, el Tucumán, desde la cuna vinculada al Perú, centro de nobles virreyes, graves estadistas, sabios prelados y aún de santos. Felipe II, su creador, la enriquece con tres regalos dignos de un Rey: el escudo de armas de Santiago, la milagrosa Sábana Santa y la presencia de San Francisco Solano.
A pedido del monarca, Pío V, Papa y santo, instituye el Obispado de la Sta. Cruz del Tucumán, primera diócesis argentina.
Grandes de nuestra HistoriaEl Papa y el Rey Católico son, para los primeros pobladores, las dos Majestades: servirlas es el ideal supremo de vida. La clase noble tiene sentido trascendente de la existencia; lo reconoce un autor como José Luis Romero, que no simpatiza con nobles ni trascendencias.
Los conquistadores dan principio a linajes y tradiciones. Aguirre, Juan Gregorio Bazán, Mexía y Mirabal, Juan Pérez de Zurita, Jerónimo Luis de Cabrera, Juan Ramírez de Velasco, son grandes señores y esforzados capitanes que dejan su impronta.
Entre los de heroísmo excepcional se cuenta Francisco de Argañaraz y Murguía. Sus antepasados, Señores de Mayorazgo, se destacan en la famosa batalla de Mühlberg, donde el Emperador, con el “gallardo y noble talle” que pintó Tiziano, bate a los electores protestantes. Les toca la gran responsabilidad de custodiar al general vencido, príncipe Mauricio de Sajonia. En la toma del fuerte de la Florida, el padre de nuestro Argañaraz derrota a punta de espada la guardia de franceses calvinistas y abre las puertas al ejército español.
Su hijo es el que, desafiando desalentadores presagios que templan más su acero, funda Jujuy, cerrando el prolífico ciclo fundacional. El coraje proverbial de su estirpe lo lleva a la increíble captura del cacique Viltipoco, sacado de sus sueños por el audaz capitán, que se filtra en plena noche en un cerro desconocido, erizado de guerreros enemigos. No le hace daño al prisionero, y el buen trato que le da, sumado a su afán apostólico, obra la conversión del jefe y gana el valle.
Lo dice Sierra: “en las duras jornadas, son misioneros los conquistadores y conquistan tierras los misioneros”.
(Próxima nota: 5a. "Un gobernador exponencial del Tucumán").
Puede solicitar el trabajo completo a:
civilizacioncristianaymariana@gmail.com
SIGLOS de FE... 3ra. nota - El Aguila bicéfala en la historia argentina fundacional

El águila bicéfala – Austria est imperari orbi universi (A.E.I.O.U.)Los cimientos de la Argentina no se edifican en el siglo XIX, como quisiera la historia oficial. Las naciones hispanoamericanas nacen de España, verdad tan obvia que no sería necesario recordar si no hubiese una gigantesca muralla de olvido y mala fe.
No sólo nace la Argentina de España: en el siglo XVI –dicen autores como el tradicional Vicente Sierra y el liberal José L. Romero- se forja la matriz psicológica, la propia alma del argentino.
Ese momento capital del alumbramiento se da en nuestro caso bajo la influencia personal de Felipe II, bisnieto de la Reina Isabel e hijo del célebre Emperador Carlos V, Sacra Majestad Cesárea en cuyos dominios no se ponía el sol.
El Imperio en que nacimos con todos los fueros es el mayor que vio la historia. Su Rey es un monarca militantemente católico, compenetrado de la misión de la España de Don Pelayo y San Fernando, de la que participan sus reinos de ultramar, a los que gobierna con solicitud. En su persona reúne ricas tradiciones de las que es síntesis viva, de la Alemania imperial, Flandes, Portugal y Castilla.
La Casa de Austria, a la que pertenece, se ha ido destilando orgánicamente en el Sacro Imperio que forjó Carlomagno como institución clave de la comunidad de naciones cristiana. El águila bicéfala, su símbolo heráldico, se incorpora a las armas de España y extiende sus alas en nobles pórticos de la América Española.
La sigla A.E.I.O.U. expresa un llamado dinástico, que el Emperador Federico III interpretaba así: “A Austria le corresponde gobernar sobre todo el mundo”; y: “Austria será en el mundo la última” (la que llegará hasta el fin del mundo).
Don Felipe, en esos tiempos de racionalismo, mantiene rasgos de rey de leyenda. El auge de su lucha contra los enemigos del Cristianismo es la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571. Intervienen en este magno acontecimiento grandes varones. El Papa San Pío V forja la Santa Alianza con España y Venecia. Unidas a la flotilla papal constituyen una magnífica armada que comanda el medio hermano de Felipe, don Juan de Austria, a quien el Papa aplicaba palabras del Evangelio, considerándolo un enviado de Dios: hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan….
Esta santa alianza se funda principalmente sobre el poderío español, lo que no es poca gloria, e inflige una inolvidable derrota al poder musulmán, con el auxilio manifiesto de la Virgen. El Papa –a quien la Madre de Dios comunica sobrenaturalmente el resultado- instituye la festividad de Nuestra Señora del Rosario de la Victoria para conmemorar eternamente el histórico triunfo.
Legítimo rey de Portugal, adquiere Felipe el Brasil y soñados reinos de “mil y una noches” en Africa, Arabia y la India. Las circunstancias lo ponían en situación del mayor poderío y gloria como Señor de un Imperio fabuloso nunca visto en el mundo (cf. José Luis Busaniche, Historia Argentina, cap. VII).
El sueño de la Casa de Austria se hace realidad. Incluye en lugar de honra al Nuevo Mundo, que Pío XII llamará “continente de la esperanza”. Esperanza de ser el bastión de una comunidad iberoamericana de naciones renovada que glorifique a María Reina y realice la civilización cristiana y mariana.Nacen la primera ciudad y la nación argentinaEn este marco de grandeza católica universal, nace la primera ciudad argentina en nombre del Rey Carlos I de España, Sacro Emperador de Alemania. El acta de fundación de Barco es más que esto: es el acta de nacimiento de la Argentina como nación, como sostienen sabiamente Alejandro Moyano Aliaga y otros historiadores cordobeses (citado por Prudencio Bustos Argañaraz en Manual de Historia Argentina).
Los fundadores de ciudades las erigen plenamente conscientes de las virtualidades de lo que fundan. Veían más allá que ciertos historiadores, que no ven más que ranchos de adobe y gallinas, sin comprender que es la civilización que da el tono en el mundo que llega, la del Prado y el Escorial, la de Santiago de Compostela y la Catedral de Sevilla, la de Lope y San Juan de la Cruz, la de Las Meninas y el Entierro del Conde de Orgaz, la de San Ignacio y Santa Teresa.
En tiempos de Aguirre llaman al Tucumán Reino y Provincia del Nuevo Maestrazgo de Santiago y Nueva Tierra de Promisión. Pues no son burócratas de Harvard sino soñadores-realizadores de espíritu hidalgo. Desde el Norte estiran el brazo hacia la Patagonia y conectan el Perú con España por el Río de la Plata. Lo intentó en la Gran Entrada Francisco de Mendoza, lo reintenta Aguirre y lo concretan definitivamente Cabrera y Garay.
No sólo nace la Argentina de España: en el siglo XVI –dicen autores como el tradicional Vicente Sierra y el liberal José L. Romero- se forja la matriz psicológica, la propia alma del argentino.
Ese momento capital del alumbramiento se da en nuestro caso bajo la influencia personal de Felipe II, bisnieto de la Reina Isabel e hijo del célebre Emperador Carlos V, Sacra Majestad Cesárea en cuyos dominios no se ponía el sol.
El Imperio en que nacimos con todos los fueros es el mayor que vio la historia. Su Rey es un monarca militantemente católico, compenetrado de la misión de la España de Don Pelayo y San Fernando, de la que participan sus reinos de ultramar, a los que gobierna con solicitud. En su persona reúne ricas tradiciones de las que es síntesis viva, de la Alemania imperial, Flandes, Portugal y Castilla.
La Casa de Austria, a la que pertenece, se ha ido destilando orgánicamente en el Sacro Imperio que forjó Carlomagno como institución clave de la comunidad de naciones cristiana. El águila bicéfala, su símbolo heráldico, se incorpora a las armas de España y extiende sus alas en nobles pórticos de la América Española.
La sigla A.E.I.O.U. expresa un llamado dinástico, que el Emperador Federico III interpretaba así: “A Austria le corresponde gobernar sobre todo el mundo”; y: “Austria será en el mundo la última” (la que llegará hasta el fin del mundo).
Don Felipe, en esos tiempos de racionalismo, mantiene rasgos de rey de leyenda. El auge de su lucha contra los enemigos del Cristianismo es la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571. Intervienen en este magno acontecimiento grandes varones. El Papa San Pío V forja la Santa Alianza con España y Venecia. Unidas a la flotilla papal constituyen una magnífica armada que comanda el medio hermano de Felipe, don Juan de Austria, a quien el Papa aplicaba palabras del Evangelio, considerándolo un enviado de Dios: hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan….
Esta santa alianza se funda principalmente sobre el poderío español, lo que no es poca gloria, e inflige una inolvidable derrota al poder musulmán, con el auxilio manifiesto de la Virgen. El Papa –a quien la Madre de Dios comunica sobrenaturalmente el resultado- instituye la festividad de Nuestra Señora del Rosario de la Victoria para conmemorar eternamente el histórico triunfo.
Legítimo rey de Portugal, adquiere Felipe el Brasil y soñados reinos de “mil y una noches” en Africa, Arabia y la India. Las circunstancias lo ponían en situación del mayor poderío y gloria como Señor de un Imperio fabuloso nunca visto en el mundo (cf. José Luis Busaniche, Historia Argentina, cap. VII).
El sueño de la Casa de Austria se hace realidad. Incluye en lugar de honra al Nuevo Mundo, que Pío XII llamará “continente de la esperanza”. Esperanza de ser el bastión de una comunidad iberoamericana de naciones renovada que glorifique a María Reina y realice la civilización cristiana y mariana.Nacen la primera ciudad y la nación argentinaEn este marco de grandeza católica universal, nace la primera ciudad argentina en nombre del Rey Carlos I de España, Sacro Emperador de Alemania. El acta de fundación de Barco es más que esto: es el acta de nacimiento de la Argentina como nación, como sostienen sabiamente Alejandro Moyano Aliaga y otros historiadores cordobeses (citado por Prudencio Bustos Argañaraz en Manual de Historia Argentina).
Los fundadores de ciudades las erigen plenamente conscientes de las virtualidades de lo que fundan. Veían más allá que ciertos historiadores, que no ven más que ranchos de adobe y gallinas, sin comprender que es la civilización que da el tono en el mundo que llega, la del Prado y el Escorial, la de Santiago de Compostela y la Catedral de Sevilla, la de Lope y San Juan de la Cruz, la de Las Meninas y el Entierro del Conde de Orgaz, la de San Ignacio y Santa Teresa.
En tiempos de Aguirre llaman al Tucumán Reino y Provincia del Nuevo Maestrazgo de Santiago y Nueva Tierra de Promisión. Pues no son burócratas de Harvard sino soñadores-realizadores de espíritu hidalgo. Desde el Norte estiran el brazo hacia la Patagonia y conectan el Perú con España por el Río de la Plata. Lo intentó en la Gran Entrada Francisco de Mendoza, lo reintenta Aguirre y lo concretan definitivamente Cabrera y Garay.
Nota: las dos entradas anteriores se encuentran en esta página, en el mes de febrero
(Próxima nota : 4ª- : Fe y Resistencia en el Tucumán)
SIGLOS deI FE... - 2a. nota - EL PERIODO FUNDACIONAL - "SIGLO DE ORO" - (ca. 1530-1630)
Entronque entre casas nobles de España y de América - Casamiento de D. Martín de Loyola con la ñusta Beatriz Clara Coya - Una nueva civilización cristiana , hispano-indígena, nacía en América.
I. PERÍODO FUNDACIONAL – “SIGLO DE ORO” (ca. 1530-1630)Está marcado por fundaciones perdurables y procesos creadores que justifican llamarlo nuestro “Siglo de Oro”.
Evangelización
Evangelización
Se inicia el más valioso y decisivo de estos procesos: la evangelización, meta primordial perseguida por los Reyes de la Casa de Austria en América, herederos del afán misionero de Isabel la Católica, expresado en su célebre codicilo:"Cuando nos fueron concedidos por la Santa Sede Apostólica las islas y tierra firme del mar océano, nuestra principal intención fue de procurar inducir y traer los pueblos de ellas y los convertir a nuestra Santa Fe Católica (...)”. Esta “principal intención” es reiterada constantemente y da lugar a una de las mayores obras de apostolado de la Historia.
Ciudades
Comienza la etapa de fundación de ciudades, uno de los bienes más preciados que, con la Fe, la lengua y la unidad política y cultural, aporta España. Es un proceso coherente, como se ve en el Tucumán. En la precariedad inicial, dentro de las limitaciones materiales y con visión de futuro, nacen con aspiraciones de cristiana grandeza. Concretan un excelente ordenamiento jurídico y se inspiran en una sublime concepción de la vida, un estilo, una cultura, que es parte viva de la Cristiandad; se dan en el marco del estado misional español, como lo define Cayetano Bruno, S.D.B.
Las ciudades son el alma de los nuevos reinos de ultramar, miembros geográficamente lejanos nutridos de la savia de un Imperio que asume la misión de extender la Fe y defender el mundo cristiano contra los musulmanes y herejes y promover la Contra-Reforma.
Una aspiración parcialmente realizada, a la espera de su plena concreción
Esto no se da de manera perfecta e íntegra, pues ya están presentes los fermentos de la crisis cultural del Renacimiento y de la pseudo-Reforma protestante. Ambos movimientos son parte de esa misma Revolución plurisecular que denuncia San Pío X, que en la Edad Moderna va generando un tipo humano nuevo: el hombre ávido de ganancias, pragmático, sensual, quisquilloso y autosuficiente .
Estos defectos provocarán enemistades y crisis, e incidirán en guerras entre españoles, como las del Perú, y con los aborígenes, como la de Castañeda y Juan Calchaquí, que produce daños irreparables. El desarreglo tendencial explica la dualidad de proceder de muchos hombres de la Conquista, no siempre coherentes con su acendrada Fe católica, y aún en flagrante contradicción con ella.
Un sueño quedará realizado en parte, y en parte permanecerá latente, a la espera de su entera concreción: el de constituir una Cristiandad de plenitud similar, o aún mayor, a la que se forjó en la Edad Media, realidad histórica que León XIII describe así:
"Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En esa época la influencia de la sabiduría cristiana y su virtud divina penetraban las leyes, las instituciones, las costumbres de los pueblos, todas las categorías y todas las relaciones de la sociedad civil. Entonces la religión instituida por Jesucristo, sólidamente establecida en el grado de dignidad que le es debido, era floreciente en todas partes gracias al favor de los príncipes y a la protección legítima de los magistrados. Entonces el Sacerdocio y el Imperio estaban ligados entre sí por una feliz concordia y por la permuta amistosa de buenos oficios. Organizada así, la sociedad civil dio frutos superiores a toda expectativa, cuya memoria subsiste y subsistirá, consignada como está en innumerables documentos que ningún artificio de los adversarios podrá corromper u obscurecer" (Encíclica Immortale Dei).
Una visión equilibrada y veraz
Aunque menos plena, nuestra Cristiandad, fue auténtica; y confiamos en que algún día desarrollará todas sus potencialidades (cf. L. Mesquita Errea, Puntos clave para una restauración de la Argentina auténtica).
Al describir con admiración sus venerables trazos no olvidamos los factores negativos señalados, evitando caer en una idílica “leyenda rosa”; pero lo negativo no invalida las luminosas realidades históricas que no obstante se dieron. Dignos de mención especial son los portentosos hechos milagrosos, desde Guadalupe en adelante, cuya vigencia se mantiene intacta luego de siglos, que los positivistas y marxistas fingen ignorar, mutilando la Historia.
(Continúa en 3a. nota: El águila bicéfala – Austria est imperari orbi universi - A.E.I.O.U.)
SIGLOS de FE..., 1a. nota - SIGLOS de FE en ARGENTINA y AMERICA preanuncian un FUTURO GLORIOSO - La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830)
Comenzamos hoy a publicar un ensayo de visión católica y tradicional de aspectos fundamentales de la historia argentina, teniendo en cuenta, con el realce que merece, la acción de las clases dirigentes tradicionales que se formaron a partir del siglo XVI. Agradecemos a nuestros lectores sus aportes y ponemos a su disposición el trabajo completo.
SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830)
Objetivo:brindar un panorama del desarrollo de la Civilización Cristiana en Argentina durante el período hispánico, y mostrar la crisis que sufrió en los períodos iluminista-absolutista y de ruptura de lazos con España.
Es de fundamental importancia para entender y valorar nuestra identidad comprender que lo que se encuentra en nuestros orígenes no es sólo la extensión de la civilización hispánica del siglo XVI a esta parte de América sino una realidad superior, que existió vigorosamente y aún existe, como lo enseña San Pío X:
• (...) la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: omnia instaurare in Christo" (Notre Charge Apostolique ).
Procuraremos mostrar con ejemplos su formación y el ataque planificado de que fue objeto a partir del siglo XVIII, apoyados en tres pilares: la Fe católica y las enseñanzas pontificias, los datos históricos y la sana crítica.
Abordando el tema
Con los matices y excepciones que comportan las divisiones temporales, consideramos a grandes rasgos cuatro períodos, teniendo en cuenta ciertas constantes:
I. Fundacional –al que llamamos “Siglo de Oro”-, circa 1530-1630;
II. De consolidación –que llamaremos “Siglo de Plata”-, ca. 1630-1750;
III. Del resquebrajamiento provocado del Imperio Español (ca. 1750-1810);
IV. De ruptura de vínculos con España y acción de gobiernos influenciados por las ideas de la Revolución Francesa, que deben reconocer la catolicidad del pueblo argentino (ca. 1810-1830)
********************************
Luis María Mesquita Errea
II Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana
Cabildo histórico de Salta
8 de septiembre de 2006, fiesta del Nacimiento de Nuestra Señora “que regocijó a todo el universo”
(continúa en 2a. nota: El período fundacional - "Siglo de Oro"))
SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830)
Objetivo:brindar un panorama del desarrollo de la Civilización Cristiana en Argentina durante el período hispánico, y mostrar la crisis que sufrió en los períodos iluminista-absolutista y de ruptura de lazos con España.
Es de fundamental importancia para entender y valorar nuestra identidad comprender que lo que se encuentra en nuestros orígenes no es sólo la extensión de la civilización hispánica del siglo XVI a esta parte de América sino una realidad superior, que existió vigorosamente y aún existe, como lo enseña San Pío X:
• (...) la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: omnia instaurare in Christo" (Notre Charge Apostolique ).
Procuraremos mostrar con ejemplos su formación y el ataque planificado de que fue objeto a partir del siglo XVIII, apoyados en tres pilares: la Fe católica y las enseñanzas pontificias, los datos históricos y la sana crítica.
Abordando el tema
Con los matices y excepciones que comportan las divisiones temporales, consideramos a grandes rasgos cuatro períodos, teniendo en cuenta ciertas constantes:
I. Fundacional –al que llamamos “Siglo de Oro”-, circa 1530-1630;
II. De consolidación –que llamaremos “Siglo de Plata”-, ca. 1630-1750;
III. Del resquebrajamiento provocado del Imperio Español (ca. 1750-1810);
IV. De ruptura de vínculos con España y acción de gobiernos influenciados por las ideas de la Revolución Francesa, que deben reconocer la catolicidad del pueblo argentino (ca. 1810-1830)
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Luis María Mesquita Errea
II Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana
Cabildo histórico de Salta
8 de septiembre de 2006, fiesta del Nacimiento de Nuestra Señora “que regocijó a todo el universo”
(continúa en 2a. nota: El período fundacional - "Siglo de Oro"))
martes, 14 de enero de 2020
La Sociedad Orgánica: un fruto de civilización cristiana opuesto a la padronización, el anonimato y la soledad de una sociedad masificada y mecánica
La Sociedad Orgánica: un fruto de civilización cristiana opuesto a la padronización, el anonimato y la soledad de una sociedad masificada y mecánica
En la calma, en medio de viñedos encantadores, trabajan unos labriegos la tierra. Al fondo, la estampa protectora y distinguida del Castillo de Saumur. Nobles y trabajadores rurales son dos componentes armónicos de una sociedad natural y orgánica.
La construcción de una catedral, en la Edad Media, movilizaba a todo un pueblo, con el Rey a la cabeza. San Luis IX de Francia llevaba piedras con sus reales manos. Era una sociedad que tendía hacia lo alto, impulsada por el Clero y la Nobleza en que florecían numerosos santos. (Ambas ilustraciones pertenecen a "Nobleza y Elites tradicionales análogas").Continuamos con la entusiasmante tarea de comentar ARISTOCRACIA y SOCIEDAD ORGANICA, inspirados en esa fuente inagotable que es "Nobleza y élites tradicionales análogas", obra maestra para la necesaria restauración de la civilización cristiana, de Plinio Corrêa de Oliveira.
Hemos cerrado un hito al difundir y comentar el Apéndice IV del libro, que el autor consagró al tema de la aristocracia, basado en textos del Cardenal español Herrera Oria -en su enciclopedia "Verbum Vitae".
Después de haber así abordado el tema ARISTOCRACIA, queremos hacerlo ahora con el de SOCIEDAD ORGANICA. El texto que publicamos tiene dos partes: la primera (que sigue a continuación) caracteriza a grandes rasgos la sociedad orgánica con ejemplos europeos; la segunda, que publicaremos próximamente, se refiere a la sociedad orgánica en el Tucumán hispano-indígena. Ambos textos pertenecen al ensayo"DEVISADERO de LUCES DORADAS en ...AQUEL REINO del TUCUMAN", que ha sido presentado en diversos congresos y jornadas de Historia y Genealogía.
Una vez presentada la Sociedad Orgánica, como lo hicimos con la Aristocracia, continuaremos publicando y comentando "Nobleza y élites tradicionales análogas" , satisfaciendo así el legítimo deseo de nuestros lectores, cuyos comentarios agradecemos.
Cordialmente, COMISION DON PELAYO
envíe su comentario directamente luego de cada entrada o escríbanos a: donpelayodeasturias@gmail.com
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· La sociedad orgánica, jerárquica, armónica y familiar
La sociedad orgánica es otro concepto que tomamos, con agradecimiento, del caudal doctrinario del ya citado Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Lamentablemente, nunca llegó a consagrarle una obra, pero en escritos y conferencias, como su famosa serie de artículos sobre "Ambientes, Costumbres, Civilizaciones", le dedicó sabias y matizadas consideraciones oponiéndola, según el tema analizado, a la sociedad mecanizada, a la padronización, al anonimato, al totalitarismo de diversos sistemas políticos que caracterizaron el siglo XX –v.gr. el socialismo, el nacional-socialismo y el comunismo-, como también al frenesí hedonista y masificante de la revolución cultural “hollywoodiana”.
La sociedad orgánica es una "familia de familias", como lo fue el feudalismo[i]. Es como una gran familia de almas, en que las personas se conocen y las estirpes familiares se entrelazan, hay tradiciones vivas que impregnan la vida social y política, y la naturaleza y el campo están presentes; en la que orgánicamente se van formando las instituciones con amplia participación de los vecinos y de todos los elementos que la componen, organizada jerárquicamente; en que las jerarquías varían al infinito.
La sociedad orgánica se va formando con toda la espontaneidad posible dentro del mayor respeto al orden. Las instituciones, las familias, las personas van creciendo como árboles de un parque, sin dejar que sus ramas invadan las de un árbol vecino.
Algo de su perfume se trasunta en la frase de Talleyrand: "el que no vivió antes de la Revolución Francesa, no conoce la dulzura de vida". Fue la “dulce Francia" de los tiempos del "Rey Cristianísimo" que destiló una realidad de sonido musical: "douceur de vivre".
Nuevamente nos precavemos contra la visión idílica de este concepto y de la realidad concreta de donde surgió. Sabemos que, bajo muchos aspectos, la vida "es un valle de lágrimas" donde, para edificar algo, hay que luchar mucho, y más aún para conservarlo; donde todo es, en cierta medida, efímero y débil, a causa de las tendencias desordenadas del hombre y también porque hay un solo Ser eterno que es El que es, y que nos invita -a través de la propia precariedad de la vida- a aspirar a las grandes serenidades y a las inimaginables alegrías espirituales y sensibles de la vida eterna, que estamos llamados a gozar en cuerpo y alma: "la vie est ton navire et non pas ta demeure", dijo Teresita de Lisieux[1].
Es misión de la sociedad orgánica mantener vivos los deseos de lo metafísico, de lo sobrenatural, a través del arte, del lenguaje de los símbolos, ámbito en el que la heráldica ha constituido todo un mundo de imágenes y significados.
A pesar de los aspectos duros de la vida, hay formas de organizar la existencia que la hacen más humana, más suave, más acogedora. Aquella campiña francesa, con sus viñedos, castillos y casas grandes, donde la gran familia campesina se reunía en torno a la mesa presidida por el paterfamilias que describe Funck-Brentano en "El Antiguo Régimen", aquella Viena de Schubert y Mozart que pinta Marcel Brion, con sus orquestas familiares y sus campesinos robustos y contemplativos, capaces de destilar un "Stille Nacht"; aquel Portugal de nobles quintas que evocó Eça de Queiroz en "La Ciudad y la Sierra", aquella España de don Felipe y de Santa Teresa, de Sor María de Agreda y su "mística ciudad de Dios", la España de Avila y de Toledo, del Madrigal de las Altas Torres que vio nacer a Isabel la Católica… La de coplas y romances, la de majos y toreros, la de guitarras pulsadas con acordes gitanos, a la luz de la luna, en los patios andaluces.
Esas ciudades en las que -como en Viena- el emperador podía pasear de a pie, seguido a prudente distancia por sus súbditos, que eran como hijos, parando a conversar en una esquina con un vendedor de flores o un lustrabotas..., o siendo consolado por su pueblo, ante la derrota frente a Napoleón, al grito de: “¡No importa, nos tienes a nosotros!” Todo esto evoca mejor que una definición a la sociedad orgánica.[1] "La vida es tu navío y no tu morada".
[i] Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y Elites tradicionales análogas - en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana", Ed. Fernando III el Santo, Madrid, vol. I, 3ª. Edición, Secc. Documentos, VIII, El feudalismo, obra de la familia medieval, p. 311 y ss.
Cfr. "Devisadero de luces doradas en, ...aquel reino del Tucumán", Luis María Mesquita Errea, "Crónicas del Tucumán" nº 1, La Rioja, 2008
Fuente: Aristocracia y Sociedad Orgánica , mayo de 2009
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