martes, 14 de enero de 2020

La Sociedad Orgánica: un fruto de civilización cristiana opuesto a la padronización, el anonimato y la soledad de una sociedad masificada y mecánica


La Sociedad Orgánica: un fruto de civilización cristiana opuesto a la padronización, el anonimato y la soledad de una sociedad masificada y mecánica

En la calma, en medio de viñedos encantadores, trabajan unos labriegos la tierra. Al fondo, la estampa protectora y distinguida del Castillo de Saumur. Nobles y trabajadores rurales son dos componentes armónicos de una sociedad natural y orgánica.
La construcción de una catedral, en la Edad Media, movilizaba a todo un pueblo, con el Rey a la cabeza. San Luis IX de Francia llevaba piedras con sus reales manos. Era una sociedad que tendía hacia lo alto, impulsada por el Clero y la Nobleza en que florecían numerosos santos. (Ambas ilustraciones pertenecen a "Nobleza y Elites tradicionales análogas").


Continuamos con la entusiasmante tarea de comentar ARISTOCRACIA y SOCIEDAD ORGANICA, inspirados en esa fuente inagotable que es "Nobleza y élites tradicionales análogas", obra maestra para la necesaria restauración de la civilización cristiana, de Plinio Corrêa de Oliveira.
Hemos cerrado un hito al difundir y comentar el Apéndice IV del libro, que el autor consagró al tema de la aristocracia, basado en textos del Cardenal español Herrera Oria -en su enciclopedia "Verbum Vitae".
Después de haber así abordado el tema ARISTOCRACIA, queremos hacerlo ahora con el de SOCIEDAD ORGANICA. El texto que publicamos tiene dos partes: la primera (que sigue a continuación) caracteriza a grandes rasgos la sociedad orgánica con ejemplos europeos; la segunda, que publicaremos próximamente, se refiere a la sociedad orgánica en el Tucumán hispano-indígena. Ambos textos pertenecen al ensayo"DEVISADERO de LUCES DORADAS en ...AQUEL REINO del TUCUMAN", que ha sido presentado en diversos congresos y jornadas de Historia y Genealogía.
Una vez presentada la Sociedad Orgánica, como lo hicimos con la Aristocracia, continuaremos publicando y comentando "Nobleza y élites tradicionales análogas" , satisfaciendo así el legítimo deseo de nuestros lectores, cuyos comentarios agradecemos.
Cordialmente, COMISION DON PELAYO
envíe su comentario directamente luego de cada entrada o escríbanos a: donpelayodeasturias@gmail.com
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· La sociedad orgánica, jerárquica, armónica y familiar
La sociedad orgánica es otro concepto que tomamos, con agradecimiento, del caudal doctrinario del ya citado Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Lamentablemente, nunca llegó a consagrarle una obra, pero en escritos y conferencias, como su famosa serie de artículos sobre "Ambientes, Costumbres, Civilizaciones", le dedicó sabias y matizadas consideraciones oponiéndola, según el tema analizado, a la sociedad mecanizada, a la padronización, al anonimato, al totalitarismo de diversos sistemas políticos que caracterizaron el siglo XX –v.gr. el socialismo, el nacional-socialismo y el comunismo-, como también al frenesí hedonista y masificante de la revolución cultural “hollywoodiana”.
La sociedad orgánica es una "familia de familias", como lo fue el feudalismo
[i]. Es como una gran familia de almas, en que las personas se conocen y las estirpes familiares se entrelazan, hay tradiciones vivas que impregnan la vida social y política, y la naturaleza y el campo están presentes; en la que orgánicamente se van formando las instituciones con amplia participación de los vecinos y de todos los elementos que la componen, organizada jerárquicamente; en que las jerarquías varían al infinito.
La sociedad orgánica se va formando con toda la espontaneidad posible dentro del mayor respeto al orden. Las instituciones, las familias, las personas van creciendo como árboles de un parque, sin dejar que sus ramas invadan las de un árbol vecino.
Algo de su perfume se trasunta en la frase de Talleyrand: "el que no vivió antes de la Revolución Francesa, no conoce la dulzura de vida". Fue la “dulce Francia" de los tiempos del "Rey Cristianísimo" que destiló una realidad de sonido musical: "douceur de vivre".
Nuevamente nos precavemos contra la visión idílica de este concepto y de la realidad concreta de donde surgió. Sabemos que, bajo muchos aspectos, la vida "es un valle de lágrimas" donde, para edificar algo, hay que luchar mucho, y más aún para conservarlo; donde todo es, en cierta medida, efímero y débil, a causa de las tendencias desordenadas del hombre y también porque hay un solo Ser eterno que es El que es, y que nos invita -a través de la propia precariedad de la vida- a aspirar a las grandes serenidades y a las inimaginables alegrías espirituales y sensibles de la vida eterna, que estamos llamados a gozar en cuerpo y alma: "la vie est ton navire et non pas ta demeure", dijo Teresita de Lisieux
[1].
Es misión de la sociedad orgánica mantener vivos los deseos de lo metafísico, de lo sobrenatural, a través del arte, del lenguaje de los símbolos, ámbito en el que la heráldica ha constituido todo un mundo de imágenes y significados.
A pesar de los aspectos duros de la vida, hay formas de organizar la existencia que la hacen más humana, más suave, más acogedora. Aquella campiña francesa, con sus viñedos, castillos y casas grandes, donde la gran familia campesina se reunía en torno a la mesa presidida por el paterfamilias que describe Funck-Brentano en "El Antiguo Régimen", aquella Viena de Schubert y Mozart que pinta Marcel Brion, con sus orquestas familiares y sus campesinos robustos y contemplativos, capaces de destilar un "Stille Nacht"; aquel Portugal de nobles quintas que evocó Eça de Queiroz en "La Ciudad y la Sierra", aquella España de don Felipe y de Santa Teresa, de Sor María de Agreda y su "mística ciudad de Dios", la España de Avila y de Toledo, del Madrigal de las Altas Torres que vio nacer a Isabel la Católica… La de coplas y romances, la de majos y toreros, la de guitarras pulsadas con acordes gitanos, a la luz de la luna, en los patios andaluces.
Esas ciudades en las que -como en Viena- el emperador podía pasear de a pie, seguido a prudente distancia por sus súbditos, que eran como hijos, parando a conversar en una esquina con un vendedor de flores o un lustrabotas..., o siendo consolado por su pueblo, ante la derrota frente a Napoleón, al grito de: “¡No importa, nos tienes a nosotros!” Todo esto evoca mejor que una definición a la sociedad orgánica.
[1] "La vida es tu navío y no tu morada".
[i] Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y Elites tradicionales análogas - en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana", Ed. Fernando III el Santo, Madrid, vol. I, 3ª. Edición, Secc. Documentos, VIII, El feudalismo, obra de la familia medieval, p. 311 y ss.


Cfr. "Devisadero de luces doradas en,  ...aquel reino del Tucumán", Luis María Mesquita Errea, "Crónicas del Tucumán" nº 1, La Rioja, 2008
Fuente: Aristocracia y Sociedad Orgánica , mayo de 2009

sábado, 23 de noviembre de 2019

Refutando una vez más al indigenismo ecologista

Divino Niño Alcalde de La Rioja


San Francisco Solano, el Apóstol de América, que puso a los indígenas riojanos bajo el amparo del Niño Alcalde - El alcalde era el Cabildante principal y más honrado


Santiago, el "apóstol caballero"

Sor Mariana de Jesús Torres y Berriochoa, monja concepcionista
favorecida por las milagrosas apariciones de Ntra. Sra. de El Buen Suceso

El carrito y el burro, dos maravillas traídas a América por la España de Isabel la Católica, que ahorraron al indígena llevar sobre sus espaldas las pesadas cargas que les imponían los Incas

La fundación de Barco (S. del Estero - lra. ciudad argentina) obedeció a la necesidad de evitar que los chanés fueran exterminados por los antropófagos chiriguanos. El día en que el prisionero chané debía servir de alimento a sus amos chiriguanos, los niños de la tribu podían exterminarlo a flechazos como diversión (cfr. fray Reginaldo de Lizárraga, "Descripción de toda la tierra del Paraguay...", ed. Academia Nac. de la Historia)
La Cruz de los Milagros: un rayo mata al Cacique Canindeyú cuando intentaba quemar la recién fundada Corrientes (original en la Iglesia de la Santa Cruz de la ciudad de Corrientes)
 :
Refutando una vez más al indigenismo
REFUTACION AL ANONIMO QUE SE ESCUDA BAJO EL PSEUDONIMO "POR UN CAMBIO"
DICE 'POR UN CAMBIO':
España se lanza al mar porque Colón le asegura que hay otra ruta para llegar a la India. Porque es vital para ellos continuar obteniendo especias y otras mercaderías, como también vender las que ellos producían. El motivo de su accidental llegada a América es comercial, no religioso, y amplía sus posibilidades: la abundancia de oro les viene bien para financiar las guerras entre otras cosas.
EL ALFEREZ:
La verdad, dice un proverbio francés, se encuentra en los matices. Los que deforman la historia para servir a una ideología envenenada violan esta norma.
El comercio entre naciones es una actividad legítima y necesaria para el desarrollo de los pueblos. El viaje de Colón tuvo una finalidad comercial pero España, como dice el P. Cayetano Bruno, era un estado misional, en que toda actividad de envergadura, especialmente de los Reyes Católicos, tenía un sentido último de servicio a Dios.
Su llegada a América no fue accidental: fue siguiendo un razonamiento científico (la esfericidad de la tierra, llegar a Oriente navegando hacia el oeste), y fue también providencial pues, a pesar de todas las fallas humanas, permitió a los indígenas tomar contacto y abrazar voluntariamente el Evangelio y la Cristiandad.
POR UN CAMBIO:
Ya había fracasado repetidas veces la fundación de Londres en Catamarca, y al fundar la ciudad de la Rioja se acercaba al oro del Famatina.
EL ALFEREZ.
La fundación de Londres no había “fracasado”: había sido destruida por ataques indígenas devastadores, de notable ferocidad y crueldad.

Al progresar la evangelización, fueron los propios diaguitas quienes, solos, y de acuerdo con las autoridades españolas (y las suyas propias, que siempre conservaron), ahogaron el último foco de rebelión, Hualfín, acabando con el Gran Alzamiento.
POR UN CAMBIO:
Hay que recordar que la fundación debió ser del otro lado del Velasco (actual Chilecito) y por un error se hizo donde está ahora.
EL ALFEREZ:
Este “slogan” repetido irreflexivamente no pasa de una afirmación gratuita. ¿En virtud de qué debió haber sido en Chilecito? El fundador, Ramírez de Velasco, llegó al Yacampis, recorrió personalmente el lugar con sus acompañantes, y les gustó. Sabían, como CONSTA EN EL ACTA DE FUNDACION, que estaban a diez leguas de Famatina. ¿Cuál fue la equivocación?!
Copiamos un trabajo sobre el ilustre fundador , que aclara este punto:
"Dejó constancia en el acta de fundación –áurea y venerable pieza documental- de algo que interesa mencionar, y es el hecho de encontrarse “en este valle que llaman de yacampis quatro leguas de sanagasta y diez de famatina”, yacimiento de metales preciosos conocido en el Tucumán desde remotos tiempos.
"Por eso sorprende la versión difundida por algunos historiadores que no hicieron gala de criterio ni rigor científico, y acogida por autoridades poco celosas de la verdad histórica, de que Ramírez de Velasco se habría “equivocado”, creyendo estar al pie del Famatina. Es un ejemplo más de hasta qué punto se desvirtuó y enajenó nuestra historia temprana, quizás por temor a que en ella despuntasen grandes hombres y auténticos valores de civilización cristiana. "Los “hombres del asco al indio” (nota: los liberales de la segunda mitad del s. XIX), secundados por otros más recientes, menos capaces y de visión más deformada, que adoran al indio pagano y odian al cristiano (nota: los indigenistas), nos legaron esta historia tuerta, que felizmente hoy se va aclarando, como una voz de la Tradición que vuelve".


"POR UN CAMBIO":
Blas Ponce financia la aventura por el negocio que suponen las riquezas de estas tierras. Y como en todo negocio, lo moral y lo religioso no suelen ocupar el primer lugar.
EL ALFEREZ:
El anónimo que escribe este mensaje habla como un hombre (o mujer) con la mentalidad que predomina actualmente. Olvida que esto ocurrió en tiempos de la Contrarreforma, y en el marco de un estado misional. Que no fue una aventura sino una empresa hecha por un Gobernador del Tucumán de acuerdo con su superior, el Virrey del Perú. Que ante la inexistencia de fondos del Estado, los particulares, como Blas Ponce, eran imprescindibles para poder fundar; y que legítimamente debían tener una recompensa que los motivara.
"POR UN CAMBIO":
En América la cruz aparece acompañando a la espada conquistadora, respaldándola y hasta justificándola. Hay que "conquistar" al indio y sus tierras, pero también hay que "convertir" al infiel a la fe cristiana aunque sea por la fuerza.
EL ALFEREZ:
Cualquier persona medianamente bien informada de historia sabe que la conversión de los indígenas usando de mucho amor y caridad, con incontables misioneros muertos por los naturales, fue encomendada como deber sagrado por la Reina Isabel la Católica a sus descendientes, y que siempre fue lo principal para los Reyes y autoridades. “Como el Virrey Toledo y los grandes prohombres españoles, aflora en la correspondencia de Ramírez de Velasco esta frase definitoria: “si lo que se pretende es la salvación de esas almas…”, asunto que, de acuerdo al historiador jujeño Jorge Zenarruza, constituía una “obsesión” del Gobernador” (texto citado).

"POR UN CAMBIO":
Los indígenas eran dueños de la tierra, y tenían sus dioses y sus creencias.El español se creyó dueño de sus tierras y superior, a tal punto de arrebatárselas, repartirlas solo entre españoles y tratarlos como esclavos.
EL ALFEREZ:
Es ésta una afirmación sin matices, ni científica ni verdadera. ¿Cuáles indígenas eran dueños de la tierra? ¿Existía una demarcación? ¿Era necesaria para las pequeñas poblaciones que existían en nuestro inmenso territorio, aún hoy despoblado, pese a haberse multiplicado 10 veces por lo menos la población?

Los lules antropófagos querían arrebatarle sus tierras a los juríes. Estos aceptaron concederle lugar a los españoles para fundar la primera ciudad argentina, Santiago del Estero, a orillas del Dulce. La fundación de esta ciudad (inicialmente llamada Barco, por ser Barco de Avila el lugar de nacimiento del autor intelectual de la iniciativa, el Lic. La Gasca), tuvo como una de sus principales finalidades parar la matanza de los chaneses por parte de los chiriguanos (que se los comían, literalmente), de acuerdo a lo que el propio Gobernador del Perú –el citado La Gasca-, que dispuso “poblar un pueblo”, escribió al Consejo de Indias para justificar la difícil empresa.
Los chaneses eran no sólo esclavos de los chiriguanos sino que, antes de ser comidos, eran muertos a flechazos como diversión, por los niños de la aldea donde estaban presos de sus amos, como lo refiere detalladamente fray Reginaldo de Lizárraga en su “Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán , Río de la Plata y Chile”. Agrega que las redadas de chaneses por parte de los chiriguanos les infundían a los primeros tanto terror, que se entregaban como ovejas. ¡Qué tremenda realidad! ¡Qué pétrea crueldad la de los indigenistas que acallan estas monstruosidades, que cesaron con el avance de la civilización cristiana!
En cuanto a las tierras indígenas, las Leyes de Indias prohibían con severas penas ocuparlas, y era de evidente interés para España que los indígenas pudieran desarrollarse pues, se decía, “las Indias, sin indios, no son Indias”. Para eso les brindó España lo mejor que tenía, el trigo, la carne, la leche, los animales de tiro, los frutales, que los indígenas adoptaron con rapidez y para siempre. Hoy son la fuente de nuestra riqueza.
"POR UN CAMBIO":
La labor de San Francisco Solano no fue sino un espejito más para someter al pueblo indígena.
EL ALFEREZ:
Esta irreverente afirmación soslaya el amor ilimitado de San Francisco Solano a los naturales y el estado de sometimiento en que vivían los indígenas en todas partes en la América precolombina, ese sí comparable a la esclavitud. En el Imperio Incaico, el único propietario de todo era el Inca y todos debían trabajar y vivir donde se les indicaba. Cualquier pequeña infracción como hurtar unas mazorcas de maíz o cortar el “inca yuyo” del campo era castigada con la pena de muerte. Carecían de propiedad y libertad. Ese Imperio –admirable bajo ciertos aspectos, pero absolutamente tiránico y sin el menor respeto por la vida- dominaba a los diaguitas y les cobraba un tributo terrible: 9.000 indígenas (más de un cuarto de la población total!) debian llevar CAMINANDO anualmente al Perú su tributo en metales preciosos, portando angarillas sobre sus hombros, como lo documenta el autor (fuertemente indigenista y por eso insospechable en este punto) Aníbal Montes en su estudio sobre las guerras calchaquíes.
"POR UN CAMBIO":
Les presentó al niño Jesús como un Dios que decide aparecer en la historia de los hombres naciendo en el campo y en un corral, no en la ciudad, en un palacio. Este Dios se mezcla con los pastores, con los que están relegados al campo, los pequeños, los tenidos en menos, los que han perdido sus derechos de personas. Un Jesús gobierna el mundo, pero respetando al hombre, se pone a su servicio hasta la muerte.
Desde lo religioso saca una consecuencia para lo social y político.
Como será la hipocresía de estos españoles que hasta nuestros días tienen una imagen blanca y otra negra de San Nicolás.
EL ALFEREZ.
Aquí nuestro anónimo autor ya pierde todo atisbo de seriedad. Una cosa es ser pastor y “pequeño”, y otra es “haber perdido sus derechos de personas”. Esta exageración revela el trasfondo ideológico de su argumentación, que le impide ver la verdad histórica. Le recomendamos leer las enseñanzas de San Pío X (que ponemos a su disposición) sobre “la campana de Belén”, que reúne a Reyes y a pastores en torno el Niño Dios, Rey de Reyes y Señor de Señores, nacido de sangre real, pero viniendo al mundo en la pobreza, para hermanar a todos en una gran familia , sin suprimir las diferencias naturales puestas por el Creador para que haya intercambio de ayudas. Algo que los picados por la mosca del resentimiento no pueden aceptar.
Da pena la pobreza de su razonamiento con respecto al color de las imágenes!

El español no era racista. Le recomendamos leer la expresión de contento del cronista de Indias López de Gómara, cuando se maravilla de que Dios haya creado tantas razas y colores. Pues, decimos en el Norte, “en la variedad está el gusto”. Ocurre que el anónimo misivista tiene una perspectiva indigenista, de raíz marxista, y sólo concibe a los grupos humanos en conflicto, en odio, en combate. Ya que, para Marx, la lucha de clases es el motor de la historia. No comprende “la campana de Belén”, el amor cristiano, la bondad, la misericordia, la ayuda entre seres humanos de distinta situación. Este indigenismo –tan diferente de un sano aprecio al nativo, o “indianismo”- es profundamente racista y utópico.

"POR UN CAMBIO":
Los españoles se cuidaban muy bien de no mezclarse con los aborígenes.
EL ALFEREZ:
Afirmación risible. Lea la historia de la primera ciudad argentina y sus “mesticillos”, Santiago del Estero, primera forja de la “raza” criolla argentina y mestiza. Entérese de la unión entre Mexía Miraval y María “Mejía”, la india de la que salió tan ilustre progenie, que su descendiente Leonor de Tejeda fue la gran dama fundadora de los primeros conventos femeninos. Venga a los pueblos del interior, a ese Chilecito, que Ud. nombra, a La Rioja, al Tinkunaco, y verá a los descendientes de indios, negros y españoles, y de otras “razas”, hermanados y con variados y armónicos rasgos fisonómicos y espirituales, en trajes, y aún en cantos como el Tinkunaco, en quichua.

"POR UN CAMBIO":
Los reconocían como cristianos, pero no tanto como para que fuesen totalmente iguales a ellos. En 1777 el Obispo le deja al Cura de Los Sauces una observación: "no se olvide de que debe llevar dos libros… uno para anotar a los españoles, y otro distinto para anotar a los naturales".
EL ALFEREZ:
El autor desconoce que está hablando de lo sucedido hace siglos, época en que cada sector era celoso de su identidad y no quería ser confundido con otros. Que los indígenas gozaban de determinados privilegios, como el uso de "don" en los caciques, el amparo del Protector de Naturales, el mantenimiento de sus cacicazgos y tierras hereditarios, por lo que era importante para ellos preservar documentalmente su origen. Al menos no se atrevió a desconocer que “los reconocían como cristianos”….

"POR UN CAMBIO":
De ahí que la imagen blanca será para los blancos, y la imagen negra para el populacho.
EL ALFEREZ:
Jamás autoridad alguna se refirió al pueblo menudo con el despectivo término que usa el indigenista. Este aserto de imágenes veneradas de acuerdo al color de los devotos es tan pueril que no valdría la pena perder el tiempo en responder. Todos los riojanos, tengan la composición sanguínea que tengan, llámense Avallay, Chumbita, Salazar, o tengan ascendencia italiana o árabe, son profundamente devotos de San Nicolás, cuya imagen patronal actual es negra y venerada por TODOS. Vaya a Sañogasta, donde hay dos imágenes antiguas de San Sebastián, una de ellas llamada “…de los Indios” en el antiguo himno de visita a las casas, y ambas son blancas! O al convento de Santo Domingo, donde encontrará a la Patrona de América, Santa Rosa de Lima, venerada junto a San Martín de Porres
el santo mulato canonizado por las autoridades eclesiásticas competentes del Vaticano (Europa...), sin que a nadie le llame la atención ni se le ocurra pensar en semejante despropósito.

"POR UN CAMBIO":
Y vuelvo a mi planteo inicial. Porqué no respetar la filosofía de vida de estos pueblos originarios, porque imponerles una religión, que cuenta con 500 años de una nefasta inquisición, que superó largamente a los asesinatos producidos durante el holocausto, que en nombre de la fe produjo el genocidio americano mas grande de la historia?
EL ALFEREZ:
¿500 años de 'nefasta inquisición'? ¿Más muertos que el holocausto? ¿Adónde lo leyó?

"Pueblos originarios":... que vinieron de Asia, desalojando violentamente a los que estaban antes que ellos. (Lea la terrible historia de estas migraciones en el tomo I de la Historia Argentina de la Academia Nac. de la Historia)
El 'genocidio' es otro infundio gratuito, que ni siquiera los seguidores de Marx defienden. Le aconsejamos leer 'Los Métodos de la Historia', de los historiadores marxistas Cardoso y Pérez Brignoli, ed. Crítica, texto en uso en las cátedras universitarias de Historia.

"POR UN CAMBIO":
Porque no dejarles que siguieran a sus dioses, protectores de la tierra y el agua?
EL ALFEREZ:
¿Por qué no dejarles que sigan emparedando a sus hijas, como le pasó a la desgraciada Tanta Car hua en el Perú, cuando su padre la sacrificó para no perder la gracia del Inca y su dignidad de curaca de Oclos? ¿Por qué no dejarles que sigan comiendo a sus propios hijos, como hacían los guaraníes con los cuñambiras, engendrados por sus mujeres con los enemigos presos para este miserable fin? ¿Por qué no dejarles a los chanés que se sigan cortando los dedos de manos y pies por terror a los muertos, como cuenta Ruy Díaz de Guzmán en La Argentina? ¿Por qué no dejar que los caribes ("caribes" significa "caníbales", aborígenes que diezmaban a otras tribus por ser más débiles) siguieran mandando a sus indias esclavas a preparar el "curare", tarea que implicaba la muerte por envenenamiento? ¿Por qué no dejar que los jóvenes mbayá siguieran siendo estaqueados al sol, en la selva, heridos y picados por las hormigas para los ritos de iniciación de la adolescencia? ¿Por qué no dejar que los aztecas siguieran abriendo el pecho de sus víctimas vivas para arrancarles el corazón, antes de comer sus restos y bailar con su piel? ¿Por qué el Valle de Méjico se levantó y apoyó a Cortés, lo que significó su liberación de esta aberración?

"POR UN CAMBIO":
Si nosotros hubiesemos adoptado esos dioses, hoy no estariamos destruyendo el planeta.
EL ALFEREZ:
Seguramente no, porque quizás ya habríamos desaparecido en los misteriosos auto-desarraigos (¿o suicidios?) colectivos de los mayas, o en las matanzas de 300.000 cochabambinos a manos de los Incas, o en los genocidios aztecas o chiriguanos sobre las tribus más débiles, o en la decadencia que llevó a las tribus fueguinas a su triste e inexorable extinción.

"POR UN CAMBIO":
Porque el aire, la tierra, el agua, el hombre, para ellos eran una sola cosa, porque Dios estaba y era todas las cosas.
EL ALFEREZ:
Ud. habla como un panteísta gnóstico que niega la evidente diferencia entre los seres. La gnosis es la ideología más totalitaria y radicalmente anticristiana. La que llevó a Hitler, a Pol Pot, a Stalin y a Mao a exterminar millones de hombres. Lo que dudamos, es que Ud. sea un indígena, ya que éstos supieron abandonar muy a tiempo esas nefastas creencias y sus descendientes son los que se honran en llevar en andas al Niño Alcalde, Dios de verdadera paz, la que el Doctor de la Iglesia, San Agustín, definió como "la tranquilidad en el orden".

"POR UN CAMBIO":
Entonces. Como se puede contaminar un rio si es dios?
Como se puede matar un bosque si es dios?
EL ALFEREZ:
¿No sabe, lo que cualquiera sabe, que los mayas cultivaban la tierra con el monocultivo del maíz, hasta agotarla y dejar pedazos de selva en ruina y estériles? ¿No sabe que los indígenas del litoral envenenaban las aguas para matar los peces? ¿No sabe que no pocas tribus indígenas no sabían leer ni escribir, pero eran expertas fabricantes de venenos que mataban con sufrimientos atroces, y aún mataban a las esclavas a las que mandaban lejos del poblado a una intoxicación fatal?

"POR UN CAMBIO":
Quienes eran mas sabios? nosotros o ellos??
Para pensar....
EL ALFEREZ:
Sin duda eran más sabios que los indigenistas, porque los diaguitas –como dice el himno de La Rioja- atendieron la voz de Dios que les llegó por el suave violín y la bondadosa y firme voz de San Francisco Solano:

“no olvidéis que en el cerro ha quedado/la oración de este pueblo diaguita/que escuchando el violín de Solano/su palabra bendita aprendió”.
Gracias a eso hoy le cantamos a La Rioja (ciudad fundada por españoles, con notas culturales indígenas y negras como pocas, y todo armónicamente fusionado):

“tu espíritu noble, y tu amor a Dios” (Himno de La Rioja).
MARTES, 4 DE ENERO DE 2011
PUBLICADO POR EL ALFÉREZ EN 9:14 https://resources.blogblog.com/img/icon18_email.gif https://resources.blogblog.com/img/icon18_edit_allbkg.gif 
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lunes, 9 de septiembre de 2019

La cultura, el arte y los ambientes en la Revolución







Capítulo X

La cultura, el arte y los ambientes en la Revolución

Así descriptas la complejidad y amplitud que el proceso revolucionario tiene en las zonas más profundas de las almas, y por tanto de la mentalidad de los pueblos, es más fácil señalar toda la importancia de la cultura, de las artes y de los ambientes en la marcha de la Revolución.
l. La cultura
Las ideas revolucionarias proporcionan a las tendencias de las que nacieron, el medio de afirmarse con fueros de ciudadanía, a los ojos del propio individuo y de terceros. Ellas sirven al revolucionario para debilitar, en estos últimos, las convicciones verdaderas y así desencadenar o agravar la rebelión de las pasiones. Son inspiración y molde para las instituciones generadas por la Revolución. Esas ideas pueden encontrarse en las más variadas ramas del saber o de la cultura, pues es difícil que alguna de ellas no esté implicada, por lo menos indirectamente, en la lucha entre la Revolución y la Contra-Revolución.
2. Las artes
En cuanto a las artes, como Dios estableció misteriosas y admirables relaciones entre ciertas formas, colores, sonidos, perfumes, sabores, y ciertos estados de alma, es claro que por estos medios se puede influenciar a fondo las mentalidades e inducir a personas, familias y pueblos a la formación de un estado de espíritu profundamente revolucionario. Basta recordar la analogía entre el espíritu de la Revolución Francesa y las modas que durante ella surgieron. O entre las efervescencias revolucionarias de hoy y las presentes extravagancias de las modas y de las escuelas artísticas llamadas avanzadas.
3. Los ambientes
En cuanto a los ambientes, en la medida en que favorecen costumbres buenas o malas, pueden oponer a la Revolución las admirables barreras de reacción, o por lo menos de inercia, de todo cuanto es sanamente consuetudinario; o pueden comunicar a las almas las toxinas y las energías tremendas del espíritu revolucionario.
4. Papel histórico de las artes y de los ambientes en el proceso revolucionario
Por esto, en concreto, es necesario reconocer que la democratización general de las costumbres y de los estilos de vida, llevada a los extremos de una vulgaridad sistemática y creciente, y la acción proletarizante de cierto arte moderno, contribuyeron al triunfo del igualitarismo tanto o más que la implantación de ciertas leyes, o de ciertas instituciones esencialmente políticas.
Como también es preciso reconocer que quien, por ejemplo, consiguiese hacer cesar el cine o la televisión inmorales o agnósticos, habría hecho por la Contra-Revolución mucho más que si provocase la caída de un gabinete izquierdista, en la rutina de un régimen parlamentario.

lunes, 17 de junio de 2019

Escenas salteñas de hidalguía y heroismo - Salta, 17 de junio







ESCENAS SALTEÑAS DE HIDALGUIA Y HEROISMO
Luis María Mesquita Errea
Conferencia en acto del Instituto Güemesiano de Salta el 17 de junio de 2013
(Publicada en el Boletín del Instituto Güemesiano de Salta – ed. 2014)

Evocaremos en estas notas escenas y aspectos coloridos de aquella Salta que fue baluarte de resistencia, finalmente victorioso, a las tentativas invasoras del absolutismo. Que fue exponente de un estilo de vida muy argentino y norteño, gestado en más de dos siglos y medio a partir del nacimiento de la Argentina fundacional. 
Estilo de vida marcado a fondo por valores como hidalguía, hospitalidad, cortesía y heroísmo, que daban un sabor particular a la existencia y eran el molde que explica este florecimiento de  héroes que tuvo su máximo exponente en don Martín Miguel de Güemes. Valores que impregnaban el ambiente social y que quedaron plasmados en mil episodios, de la vida cotidiana o de grandes lances, como los que veremos a continuación.

I. ESTOCADA SALTEÑA A PREPOTENCIA NAPOLEONICA

Sobre el origen de los Moldes dice Bernardo Frías, a quien seguiremos en este primer episodio, que descienden del hidalgo gallego don Juan Antonio Moldes, quien llegó a Salta en el crepúsculo del tiempo virreinal con proyectos de establecerse como comerciante pujante y de largas miras. 
Fundó aquí la rama americana de esta vieja familia casando con María Antonia Fernández, Sánchez de Loria del lado materno, “de singular belleza”, descendiente de primeros pobladores del Noroeste.
Con la de Gurruchaga, fueron las casas comerciales más poderosas de la región, que proveyéndose en principio directamente en Cádiz, surtían de mercaderías ultramarinas a una vasta red comercial al sur y al norte del subcontinente.
Afirma Frías que los empleos lucrativos americanos ofrecían oportunidades a la juventud distinguida de España –en aquellos tiempos de centralismo mercantilista – pero a su vez “los empleos públicos del gobierno del Rey en la Península, eran con facilidad ocupados por los jóvenes nobles y ricos de América”. Pues si daban prestigio “por estar al lado del Rey”, no daban fortuna, y para obtenerlos “era menester gastar mucho y mucho dinero” (“Tradiciones Históricas”, 6ta., p. 169).  
Así, los hijos del matrimonio Moldes-Fernández Sánchez de Loria estudiaron en el Monserrat, en Córdoba, doctorándose uno de ellos en Chuquisaca  y, por influencia paterna, fueron a proseguir su formación en la Metrópoli. 
El más gallardo, José, el futuro Coronel Moldes, poseía las características de la Nobleza antigua, apreciando su honor más que la vida. Era arrogante y arrebatado, íntegro y austero, lujoso en su traje, valeroso y heroico. Obtuvo una plaza en la Guardia de Corps Americana, a la que sólo accedían miembros de familias principales, “puesto de rango  y de alta distinción”, con el grado de Alférez. Formado en el Colegio de Nobles de Madrid, resultó un eximio maestro en el manejo del sable.  Vivía en palacio y formaba parte de la guardia real. En ese escenario lo sorprendieron los acontecimientos dirigidos solapadamente por Napoleón para apoderarse de la Monarquía hispana.
Con pretexto de hacerle la guerra a Portugal obtuvo el pase de los ejércitos franceses por territorio español y, terminada victoriosamente la campaña, “las fuerzas francesas quedaron no más ocupando la Península”, en puntos estratégicos.
La escuadra española había sido destruida en Trafalgar, y en el país cundía la anarquía. Hacía de jefe del gobierno el ministro Godoy, cuyo infame encumbramiento es por todos conocido, y los dos bandos, el que lo apoyaba y el que lo detestaba -encabezado por el futuro Fernando VII-, se despedazaban frente al enemigo común que esperaba impaciente la ocasión de dar el zarpazo final –o que pensaba que sería final…
Era parte del teatro de desgracias, cientos de miles de víctimas y conmociones en que la Revolución Francesa y su continuador, Napoleón, habían colocado a la Europa de fines del Antiguo Régimen, comenzando por la propia Francia. La reacción contra lo que Pierre Gaxotte llama “la Terreur communiste”, hizo que la Revolución fuera retrocediendo, y en ese retroceso estratégico y previsto con décadas de anticipación jugó Bonaparte un papel fundamental (ver conversación entre Dantón y el Duque de Chartres, a quien le recomendó cuidarse pues sería el futuro “rey burgués” Luis Felipe, cuando las mareas de sangre en que el primero preveía su propia muerte se hubiesen aquietado, como sucedió). 
General surgido de las filas de la izquierda “montagnarde”,  Bonaparte encabezó la metamorfosis de la República en Consulado y finalmente en Imperio militarista y burocrático carente de toda tradición y arraigo.
Esto explica la expresión de Ranke, quien lo llama “jacobino coronado”, más precisamente auto-coronado, pues invitó al Papa al acto pero él mismo tomó la corona y se la puso en su propia cabeza.
Napoleón, fiel a su jacobinismo, y a la consigna “hemos de pisotear la flor de lis”,  había degradado todo lo posible las antiguas dinastías, había repudiado a Josefina de Beauharnais para casarse con la Archiduquesa María Luisa de Habsburgo, hija del Emperador de Austria, para poder decir “nuestro abuelo Carlomagno” (¡), y cebándose en la decadente rama española de la Casa de Borbón, estaba por infligirle a España una de las mayores humillaciones de su historia en la “farsa de Bayona”.
Así, no extraña que peninsulares y americanos –sin llegar a calificarlo de “Anticristo”, como lo hacían los austríacos-  detestaran al Corso y la naturaleza del régimen que se iba enseñoreando de la Península, más la alevosía y caradurez de sus procedimientos.
Un sonado lance caballeresco proyectaría la figura del Alférez José de Moldes a una situación de preeminencia entre sus pares americanos. Un militar napoleónico de alta graduación, de los que estaban pasando a estar de moda,  de apellido Réguières y de la familia Mouton [n.: “carnero”, “borrego”], era obsequiado con un banquete en palacio. “En el momento de los brindis, relata Frías, el enviado francés, muy pagado con los triunfos casi universales de Napoleón, y algo perturbado el entendimiento por el exceso que había hecho de los vinos, hablando a su turno dijo, escapándosele el secreto de su amo (Napoleón): ‘Los franceses somos invencibles, el Emperador lo ha probado paseándose victorioso por Europa; y el día que se nos antoje, conquistaremos también y nos apoderaremos de España y de sus Colonias”. 
“Un sordo murmullo de protesta se dejó oír en la concurrencia y, de su seno, alzóse como un león, un arrogante joven militar que con voz entera le dijo: ‘Los ingleses han probado que eso es más difícil de lo que a usted se le figura’.
“ ‘¡Bah! –respondió el francés con desprecio; -esos fueron unos estúpidos que se dejaron correr por la canalla de la calle!”
Para calibrar lo injurioso del calificativo, recordemos que a los inspiradores de la Revolución Francesa, notadamente a Voltaire, les encantaba volcar su desprecio por el pueblo simple, no “iluminado” –de quien se presentaban como “redentores”-, caracterizándolo como “la canalla”. Con la diferencia de que en las Invasiones Inglesas no peleó “canalla” alguna sino todo nuestro pueblo, con sus clases dirigentes a la cabeza, hasta los esclavos negros y aún los niños. 
“-Esa canalla –le contestó Moldes avanzando hacia él- no es de la familia de los Mouton [“carneros”], y tiene el pecho más fuerte que el de usted –le dijo asentándole un golpe de puño en el pecho que lo derribó en tierra. - ¡Ya usted lo ve!
“Arreglóse en seguida un duelo a sable, y Moldes despachó en el lance al otro mundo a su adversario, herido malamente en la cabeza y en el costado”.
Comenta el Dr. Frías: “Dos pueblos a un tiempo, el pueblo argentino y el español, quedaban así vengados por mano del coronel Moldes.
“Aquel suceso, que resonó ruidosamente en España y en América, rodeó a Moldes de universal simpatía y popularidad. El Rey lo colmó de favores; uno de ellos fue su ascenso a Teniente Primero de la Guardia de Corps, título que equivalía a coronel en cualquier cuerpo del ejército español”.
Así, la hidalguía del Teniente Moldes había sido de aquellas que restauran la honra… 
                                          *          *         *
Napoleón, dueño del poder en la Península (1808), luego de Bayona, corona a su hermano José, apodado “Pepe Botella”. Madrid todo grita: “¡Mueran los franceses!”; grito que se extiende por todo el país inflamando la guerra de la Independencia hispana. 
Ocasión excelente para defender los derechos de independencia de los “reinos de ultramar” o colonias contra el asaltante corso. Los jóvenes americanos residentes en Europa, con José de Moldes a la cabeza, actúan: Pueyrredón –recién llegado a Madrid- pega la vuelta para informar los sucesos, pero es interceptado en Cádiz. Moldes y Gurruchaga son tomados en prisión como sospechosos de alzamiento contra Napoleón en las colonias, cómplices con Pueyrredón. Hábilmente, sobornan la guardia y huyen. 
Reunidos los jóvenes americanos, consternados, piden apoyo a Inglaterra. Moldes gestiona pasaje en buque inglés y se dirige a Cádiz. 
Se había proclamado pena de muerte para todo el que se comunicara con la escuadra inglesa enemiga. Por 300 duros fleta una embarcación desafiando el peligro, con su hermano, y Juan y Manuel de Tezanos Pinto, de Jujuy, rumbo a la escuadra, bajo las sombras de la noche. El Capitán inglés vio lo interesante del proyecto para beneficio de su nación y les facilitó el pase a Londres; allí Moldes conferencia con Canning y acuerdan que Inglaterra apoyaría la insurrección de Buenos Aires con 8.000 soldados. 
Mientras tanto, la situación política da un viraje de 180 grados; España pasó a ser, de enemiga, amiga de Francia (Frías, p. 181). Diputados de diferentes regiones de la Península van a Londres a solicitar alianza contra Napoleón, para revertir su conquista. Inglaterra tenía al mismo tiempo “dos interesantes suplicantes”: América y España. Prefirió a España, que ofrecía mayores ventajas. Moldes fracasó por esto, y 42 americanos se embarcaron rumbo a Buenos Aires a trabajar la opinión pública a favor de la independencia, dada la situación turbulenta que vivía España. 
También fue Moldes quien costeó el pasaje de los que no podían pagarlo. Iban O’Higgins, Riva Agüero, Pueyrredón, Gurruchaga y “los Moldes hermanos del jefe”. Intentaban repartirse por todas las regiones, preparar los ánimos para tan trascendental y peligrosa empresa, ya que todas las autoridades –en ese momento de extraordinaria confusión- eran españolas, que podían considerar cualquier movimiento sospechoso como “alta traición” y castigarlo con la muerte.
Nada interesaba, sólo el gravísimo asunto, angustioso, de que podría Napoleón posesionarse de América. Había que lograr la independencia, al menos hasta que el Rey cautivo recobrara su libertad. 
Así volvieron al continente americano, dejando lo ya adquirido en Europa, desdeñando las ofertas ventajosas de los napoleónicos y exponiendo la vida. Llegaron a Buenos Aires el 7 de enero de 1809. 
Encontraron gran turbulencia, rumores y versiones mentirosas; en medio de ese ambiente debían estos jóvenes, testigos presenciales de los hechos en la Península, hablar de la verdad y, lo más difícil: ser creídos, cada uno en su tierra natal.

II. HIDALGA HOSPITALIDAD DE UN PATRIARCA RURAL –  HACENDADOS SEÑORIALES

Transcurre más de una década. Tiempo después del trágico 17 de junio de 1821, llegan a Salta mineros ingleses. Vienen recorriendo nuestro extenso territorio observándolo todo con agudeza. Nos transmiten un testimonio directo de sus impresiones sobre las personas, los lugares,  las costumbres.
Acompañemos este precioso relato.
“Después de andar unas trece leguas, llegamos a la estancia de un cabaIlero que fué figura notable en la revolución, grande y sincero patriota, aunque español. Fuimos allí cordialmente recibidos, por recomendación del doctor Redhead, de Salta. Llamábase Don Domingo Puch [n.: “Puche” en el texto citado], el amigo del doctor, y hubimos de quedar altamente gratos a su hospitalidad”. 
En prueba de ello cuenta la siguiente anécdota:
“Acertaron a pasar por allí, en viaje a Potosí, poco tiempo antes de nuestra llegada, dos o tres súbditos ingleses, que, tomando la residencia de Don Puch por posada, aprovecháronse sin reatos [n.: sin escrúpulos] de las bondades que brindaba, pues tenían intención de pagar cuanto consumieran; hicieron de la casa, en resumen, lo que hubieran hecho de una posada en su país. Pidieron de comer lo mejor, no olvidando invitar el propietario al banquete. Llegado el momento de partir y al pedir la cuenta, contestóles el patriota vizcaíno que habían confundido la clase de lugar en que habían sentado sus reales, pues su casa no era "pulpería " y no sólo negóse a recibir nada en pago, sino que todavía les hizo seguir viaje a Salta en animales de su propiedad y gratis”. 

Enlutado y melancólico, pero dueño de sí 
e invariablemente generoso
“Era nuestro huésped [n.: anfitrión] padre político del general Güemes, bravo defensor de Salta contra las fuerzas realistas del Alto Perú. La muerte del valiente oficial y de la esposa de Puch, acaecidas casi al mismo tiempo, tornáronle gravemente melancólico, pues era su esposa dama a quien amaba entrañablemente, como amábanla también las gentes del lugar (…)”.
Interesante reconocimiento tributado aquí al “bravo defensor de Salta” y “valiente oficial”, General Güemes, de quien don Domingo Puch fue tan buen consejero y auxiliar, un verdadero padre político.

La hospitalaria mesa de Don Domingo Puch: 
“la mejor vianda” de las comarcas sudamericanas
Hagamos un alto en la huella para un pequeño “test” gastronómico: ¿Cuál considera el lector el mejor plato que se puede degustar en nuestros campos? La elección de los viajeros puede sorprenderlo, pero coincide con la opinión de mucha gente de campo actual…
“La comida, en la hospitalaria mesa de don Domingo, fué digna de notar. Era abundante, y entre exquisita variedad de platos, una cazuela de armadillo [n.: quirquincho] que difícilmente encontraría rival en lo sabrosa. Con frecuencia habíamos observado ya esas como ratas con caparazón, corriendo por los caminos, pero como sucede con las vizcachas, los peones y gentes del campo no les dan valor por abundantes. He aquí, cómo casi perdimos la mejor vianda que se encuentre viajando por esas comarcas sudamericanas” (Andrews, o.c., pp. 128-29).

Susto y bondad paternal con los esclavos 
 Un pequeño incidente casero permite apreciar la afectividad que reinaba en esos tiempos entre señores y criados. Algo que nacía espontáneamente de las propias raíces de una sociedad familiar y orgánica.
“Partimos de la estancia de don Domingo el 25 rehusando aquél toda remuneración por el alboroto y molestias ocasionadas. Y digo alboroto porque mientras conversábamos la noche anterior con las señoras de casa, nos llamó de pronto la atención un grito estridente, y como acudiéramos rápido al lugar de donde procedía, con una vela encendida, encontramos a nuestro minerálogo que, distraído y a obscuras, había entrado en un cuarto vecino, donde se encontraba una negra vieja y arrugada que pasaba allí lo último que le quedaba de vida”. 
¿Y quién sería esta añosa señora?
“Era esta mujer una fiel y antigua criada a quien se había cedido aquella habitación para pasar sus últimos años y hacer las paces con Dios, según costumbre muy común con los esclavos de aquel país” [n.: el destaque en negrita es nuestro]. 

Más larguezas: queso, charqui, jamon, dulces y una manteca prodigiosa
Ya lejos de la estancia de Puch, los viajeros descubren nuevas gentilezas desinteresadas del patriarca:
“Al abandonar el carruaje nos informó nuestro capataz que el bueno de don Domingo había introducido en él, con todo disimulo, un queso de respetables dimensiones, cierta cantidad de excelente charqui, un jamón y algunos dulces. Prueba esto la hospitalidad de aquellas gentes y sus sentimientos bondadosos para los ingleses. Asemejábase el queso por su tamaño al nuestro de Cheshire, y por su sabor y calidad al Stilton; el jamón, bueno, aunque no tan bien curado como el Yorkshire. Encontramos también una botella de piedra con leche, que, por el movimiento del coche, se había hecho manteca”.

Felicidad de situación de los peones
 “Los peones de estancia, cuya subsistencia depende de los patrones, son la gente más alegre y feliz del país”.
Notable testimonio que harían bien en leer algunos desinformados, de hecho o por propia voluntad.

El patriarcal hacendado les regala dos jacas
 “La mañana del 25 amaneció encantadora, y antes de partir fuimos obsequiados por nuestro huésped con un par de jacas, que contribuyeron a que dos de los nuestros hicieran el viaje con mayor comodidad, al mismo tiempo que resultaba agradable ejercicio esta manera de viajar”. 

Atenciones del estanciero don Ignacio Sierra y de otros hacendados – Inalterable hospitalidad mas allá de los intereses materiales
La forma de recibir a los visitantes de Don Domingo Puch era simplemente magnífica, casi fabulosa, en una situación personal que ya no era nada floreciente; pero lo interesante del punto de vista histórico es que no se trataba de un caso aislado: era parte esencial de un estilo de vida, como dijimos al comienzo, y aún de hacer tratos comerciales en forma caballeresca y con beneficio de ambas partes, en contraste con el estilo actual, copiado de las violentas fantasías hollywoodianas, que va creando una realidad de pesadilla.
Algunos ejemplos:
“Era propietario de esta estancia don Ignacio Sierra, quien nos trató con todo género de atenciones: como necesitáramos caballos, los contratamos aquí para el resto del viaje hasta Salta, cincuenta leguas de distancia”.
La venida del Cap. Andrews a Salta a explorar distritos mineros generó imaginable expectativa en los propietarios, las que se vieron defraudadas al anunciarles que no venía en tren de concretar negocios. No obstante, la hospitalidad rural no se desmintió en modo alguno.
“Ese día nos detuvimos en varias estancias o granjas cuyos propietarios, advertidos de nuestra llegada, tenían preparadas para mostrarnos las muestras de oro de sus respectivas posesiones con la idea probablemente de hacer fortuna rápida, como alguno de los tenedores de acciones en nuestro país. No obstante el desengaño que experimentaban al saber que no nos encontrábamos en tren de negocios y no podíamos, por lo tanto, complacerles, nada excedería a la liberalidad de su conducta, a la franqueza del recibimiento, a la genuina hospitalidad que se nos dispensaba”. El destaque es nuestro; los comentarios huelgan.

Admirando La Lagunilla y cumbres “coronadas de rosas”
Otra diferencia con la mentalidad “metálica” corriente realza el interés de estas escenas. La intemperancia del hombre adorador del éxito modelo “Hollywood” lo hace incapaz de apreciar maravillas naturales o culturales. Mira y siente a través de una “S” surcada por una barra, o del oro, sin siquiera apreciar la excelencia de este noble metal.
Estos viajeros y sus anfitriones, hacendados, mineros, hombres de negocios, eran gente educada, con alma como para ver y apreciar. No perdían tiempo pero no eran esclavos de la agitación ni el apuro. Y se alimentaban de todo lo interesante, maravilloso, especialmente lo bello que encontraban en su camino, no considerando tiempo perdido el apartarse de la senda arrostrando peligros y trabajos para el supremo placer desinteresado de contemplar.
“El camino de Lagunillas a Salta corre paralelo a una hilera de montañas cubiertas hasta la cumbre de vegetación de infinita variedad. Las cimas, vistas desde abajo, parecían coronadas de rosas. Nos costó inmenso trabajo y mucho tiempo subir hasta donde esas rosas parecían crecer; una vez arriba nos convencimos que no se trataba de rosas, sino de grandes flores o capullos de algodoneros de montaña. Los nativos llaman a este árbol “yuchán” o “algodón del monte", y emplean el producto en rellenar almohadas, colchones, etc. El tamaño del yuchán o palo borracho puede calcularse en seis veces el del algodonero común” (o.c., paginas 132 33).
Los hombres de entonces no sólo eran atraídos por tesoros mineros. Los encantaba la exquisitez de formas y colores de la flor del palo borracho y la gracia de ese gran botellón, torreón acorazado de espinas, coronado de “rosas”, que custodia las sendas del Norte.

III. CORTESIA Y HEROISMO DE UN GUERRERO, JUAN ANTONIO ALVAREZ de ARENALES

Arenales nació en 1770 en Asturias, la legendaria tierra en que don Pelayo inició la Reconquista, de antigua estirpe. Huérfano a los 9 años, su educación quedó en manos de su pariente, el eclesiástico don Remigio Navamuel. Cadete a los 13, pasó al “Fijo” de Buenos Aires. Se destacó en la campaña de la Banda Oriental recibiendo despachos de Teniente Coronel acordados por el Virrey Arredondo. Cumplió funciones en el Alto Perú, favoreciendo a los indígenas. Preso en la revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, fue conducido al Callao; pero logró escapar y llegó a Salta, donde había fundado su hogar casándose con doña Serafina Hoyos. 
Cabildante en esta ciudad, bajó de la hacienda de Pampa Grande con una milicia de gauchos y se puso al frente de la resistencia al absolutismo, liberando los prisioneros de Las Piedras que allí se encontraban, asumiendo el cargo de Gobernador provisional.
Combatió en la batalla de Salta “en la que tuvo descollante actuación”, dice Udaondo (“Grandes Hombres de nuestra Patria”, I, p. 107 y ss.).
Nombrado Gobernador de Cochabamba, desarrolló ”una campaña memorable, tan larga como heroica” (ibid.). Citando a Bartolomé Mitre comenta que ”por sus antecedentes, por su carácter típico y por la originalidad de sus hazañas, es uno de los hombres más extraordinarios de la revolución argentina”. “…se trataba a sí mismo con más dureza que a los demás: austero en sus costumbres, tenaz en sus propósitos y de una actividad infatigable, reunía las virtudes civiles del ciudadano, los talentos del administrador y una voluntad inflexible en el mando, una cabeza fértil en expedientes en medio de las circunstancias más difíciles de la guerra” (ibid.).
“En esa histórica campaña –prosigue Udaondo- Arenales, al frente de 300 hombres, en un ataque a 900 realistas al mando del coronel Blanco, en los campos de La Florida, el 25 de mayo de 1814, logró una espléndida victoria después de hacer gala de un denuedo romancesco. En esa memorable acción estuvo a punto de perder la vida, al combatir con estupendo valor contra un grupo de enemigos que le habían sorprendido y rodeado en momentos en que se consideraba terminada la lucha, y recibir catorce heridas”. 
El triunfo de La Florida fue decisivo para la libertad de Santa Cruz y pesó en la evacuación del Norte por el ejército de Pezuela. En su homenaje se le dio el nombre a la tradicional calle Florida, de Buenos Aires.
Posteriormente, por orden de San Martín, Arenales abrió una nueva campaña en el Alto Perú, donde sus triunfos le valieron la promoción al grado de General. Más tarde prestó nuevos servicios al Libertador en su campaña al Perú, y encontrándose al mando de una división derrotó al General O’Reilly en la célebre batalla del Cerro de Pasco, iniciando luego la segunda campaña de la Sierra –que fue menos afortunada, de acuerdo a José Teófilo Goyret (“Nueva Historia Argentina”, IV, p. 340), pese a que procedió “con su reconocida decisión y capacidad táctica”. En el Perú fue nombrado Gran Mariscal y en Chile Mariscal de Campo, regresando a Salta luego de 15 años de servicios.
Aquí fue elegido gobernador en 1822, tomando las armas nuevamente para enfrentar al Gral. Olañeta.
Tuvo la responsabilidad de organizar el contingente salteño para la Guerra con el Brasil, enviando 500 veteranos bien armados. 
Bernardo Frías elogia su valor, su rectitud, y destaca su talento sólido y despierto, inteligencia vivaz y poderosa y su constancia y actividad inquebrantables.   
Admirado, Udaondo le atribuye un parecido moral y físico con Aníbal incluso en la forma de su cabeza, grande y como cuadrada. Supo ganarse el respeto de sus enemigos, “que habían de llegar a confiar en su delicadeza y caballerosidad: lo más caro de su corazón”. 
Vestía siempre su uniforme militar. En campaña, era sumamente austero, pero no olvidaba de llevar consigo servilleta, y cubierto y jarro de plata. En viaje a Bolivia terminó sus días en brazos de sus hijos el 4 de diciembre de 1831 (Udaondo, cit.).

Brillo y capacidad de la sociedad salteña 
El Capitán inglés J. Andrews, en su interesante travesía, pasa por Salta en tiempos en que gobernaba el General Arenales.
Queda favorablemente impresionado por la categoría de la sociedad, por la gracia y elegancia de las damas.
“Las damas de Salta –escribe- gozan de fama proverbial en las provincias por su belleza y finos modales, a lo que podría agregarse un porte lleno de vivacidad y distinción, que aumenta sus atractivos. La sociedad se clasificaría entre las de alto rango.  “Los hombres no son menos sagaces, liberales y de inteligencia natural que los de cualquier otro pueblo sudamericano. Han adelantado tanto como pueden permitírselo sus condiciones naturales”.
¿Podremos decir lo mismo de la Argentina actual? ¿Ha adelantado tanto “como pueden permitírselo sus condiciones naturales”? Que la historia nos sirva de llamador y estímulo…
Aludiendo a versiones distorsionadas, no raras en autores “ilustrados” que hablaban del “remoto” mundo hispano-americano, dice:
“Nada habrá que desengañe tanto a quien se haya formado mezquinas ideas de esa gente, como [de] su estado social. De su capacidad superior adquirí irrefutables pruebas en las diversas conferencias y comunicaciones que tuve con ellos”. 

Al tratar de Juan Antonio Alvarez de Arenales comunica con calor sus impresiones:
“No debo terminar mis anotaciones sobre Salta sin ocuparme del gobernador, general Arenales, que distinguióse con brillo en la revolución, especialmente en las campañas de las provincias del Río de la Plata, Chile y Perú. Cítase principalmente entre sus hechos de armas la victoria que obtuvo en Pasco contra la columna realista enviada desde Lima, al mando del general O'Reilly; encontrábase allí con una pequeña división del ejército libertador, dejada por San Martín para distraer al enemigo. En conocimiento de que el general O'Reilly había salido de Lima con propósito de atacarle, resolvió valientemente anticipar el encuentro, y relativamente con un puñado de hombres arremetió contra las fuerzas realistas en Huamanga, valle de Xauja, destruyendo o tomando prisionero todo el ejército. Llámase comúnmente a esta batalla de Pasco, y pasa por una de las victorias más importantes en sus consecuencias entre las obtenidas durante la guerra. Después de la batalla de Pasco, Arenales se reunió con San Martín en Huara, al norte de Lima”. 
A esta altura hace una afirmación curiosa con respecto a la edad de Arenales, que planteamos como un enigma pendiente de aclaración:
“Frisa actualmente en los ochenta años y lleva las cicatrices de numerosas heridas que atestiguan su valor en batalla. Consérvase aún activo e infatigable en el desempeño de los importantes deberes de su cargo. Gobierna con firmeza y equidad que le hacen acreedor al respeto y estimación de todos” 
Finaliza con este breve y atrayente retrato del guerrero:
“Físicamente es alto y delgado, y hay en su aspecto vestigios de grandes luchas morales y penurias materiales sobrellevadas. En su mejilla izquierda se deja ver una profunda herida de sable, que aumenta el aspecto singularmente interesante de su grave rostro español”.
                                            *         *          *
Nos despedimos de Andrews y del estimado lector con sus amenas impresiones que completan el cuadro general que hemos intentado pintar, de un estilo de vida marcado por valores tradicionales:
“El viajero encuentra en Salta la misma bondadosa hospitalidad que en cualquiera de las otras ciudades que visité en Sud América. Puede decirse que es ésta una de las características de las gentes de allí, pues adonde uno vaya ha de encontrar siempre las puertas abiertas y exquisita cortesía en armonía con la buena educación y el deseo de ser agradable a los extranjeros”. 
No dudamos de que en este pasaje y los restantes se reflejan características del verdadero pueblo de América del Sur, que no han desaparecido enteramente a pesar de la masificación y el deterioro cultural, y que es tarea de quienes amamos la historia y la tradición mantener vivas para nuestro presente y futuro.

BIBLIOGRAFIA

ANDREWS, J. – “Viaje de Buenos Aires a Potosí y Arica”, Ed. Hyspamérica, Biblioteca Argentina de Historia y Política – Buenos Aires, 1988
BARRUEL, Abbé Augustin – “Mémoires pour servir à l’Histoire du Jacobinisme”, Ed. “Diffusión de la Pensée Française”, Nouvelle Édition 1973, 2 tomos
FRÍAS, Bernardo - “Historia del Gral. Güemes y de la Prov. de Salta”, t. II - Buenos Aires, 1971 -   
FRIAS, Bernardo – “Tradiciones Históricas” – El Coronel Moldes – VI Tradición – Ed. “La Facultad”, Buenos Aires, 1929
GAXOTTE, Pierre, de l’Académie Française – “La Révolution Française” – Arthème Fayard -  ca. 1971
GOYRET, Teófilo – “Las campañas libertadoras de San Martín”, en “Nueva Historia de la Nación Argentina”, Ed. Planeta, t. IV, pp. 315-46 – Buenos Aires, 2000
MESQUITA ERREA, Luis María – “El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana”, Boletín del Inst. Güemesiano nº 36 – Salta
RANKE, Leopold von – „Geschichte der Welt“ – 12 tomos – 
„Preuβische Geschichte“ – Ed. DTV
UDAONDO, Enrique et al. – “Grandes hombres de nuestra Patria” – Ed. Pleamar, 3 tomos – v. Juan Antonio Alvarez de Arenales