sábado, 28 de marzo de 2009

Fe y resistencia en el Tucumán - El Papa y el Rey Católico: las "dos majestades" a quienes prestar heroicos servicios - ("Siglos de Fe...", 4ª nota)

"Los trece de la fama": el Tucumán recibió la civilización cristiana hispánica desde el Perú. La escena inmortaliza el heroismo del Marqués Pizarro, arquetipo de los conquistadores del Perú. (Imagen reproducida de : "Nobleza y élites tradicionales análogas", de Plinio Corrêa de Oliveira, t. II: "... Revolución y Contra-Revolución en las tres Américas", Apéndice hispanoamericano de la obra).
Fe y Resistencia
El Barco se consolida con Francisco de Aguirre, quien la rebautiza Santiago del Estero. Los tres traslados anteriores costaron a sus habitantes inmensas pérdidas y desaliento. Pero no se entregaron, continúan afrontando penurias y venciendo dificultades que Teresa Piossek describe con maestría.
Su característica es el espíritu de resistencia y Fe. Su mayor sufrimiento no es exponer la vida sino el no tener sacerdotes. Como están privados de sacramentos, no son tradicionales rezadoras sino los vecinos principales quienes rezan y organizan rogativas y procesiones. Los curtidos en cien combates. Los que empuñan el arado con los indios. Los que reproducen el milagro de la viña o del olivo entre quebrachales y algarrobales. En las riberas del Dulce resuenan cánticos religiosos de Talavera de la Reina o Medellín...
La tentación de volver al Perú y abandonar una tierra sin oro ni plata, donde hay enemigos con flechas que hacen morir cruelmente, es rechazada para que no se pierdan las almas de los naturales en vías de conversión. Son las palabras que conserva la historia del veterano Cap. Miguel de Ardiles al Teniente Juan Gregorio Bazán: su voto es decisivo.
El mismo espíritu sopla en el Plata. En 1536, el Adelantado Pedro de Mendoza ha establecido un asiento precario en el Río de Solís que pasa por indecibles probaciones. Santa María de los Buenos Aires, pese a lo breve de su existencia, levanta cuatro capillas.

Se configura el orden cristiano
La Cristiandad hispánica argentina da pasos ciertos:
Nace su primera gobernación, el Tucumán, desde la cuna vinculada al Perú, centro de nobles virreyes, graves estadistas, sabios prelados y aún de santos. Felipe II, su creador, la enriquece con tres regalos dignos de un Rey: el escudo de armas de Santiago, la milagrosa Sábana Santa y la presencia de San Francisco Solano.
A pedido del monarca, Pío V, Papa y santo, instituye el Obispado de la Sta. Cruz del Tucumán, primera diócesis argentina.

Grandes de nuestra Historia
El Papa y el Rey Católico son, para los primeros pobladores, las dos Majestades: servirlas es el ideal supremo de vida. La clase noble tiene sentido trascendente de la existencia; lo reconoce un autor como José Luis Romero, que no simpatiza con nobles ni trascendencias.
Los conquistadores dan principio a linajes y tradiciones. Aguirre, Juan Gregorio Bazán, Mexía y Mirabal, Juan Pérez de Zurita, Jerónimo Luis de Cabrera, Juan Ramírez de Velasco, son grandes señores y esforzados capitanes que dejan su impronta.
Entre los de heroísmo excepcional se cuenta Francisco de Argañaraz y Murguía. Sus antepasados, Señores de Mayorazgo, se destacan en la famosa batalla de Mühlberg, donde el Emperador, con el “gallardo y noble talle” que pintó Tiziano, bate a los electores protestantes. Les toca la gran responsabilidad de custodiar al general vencido, príncipe Mauricio de Sajonia. En la toma del fuerte de la Florida, el padre de nuestro Argañaraz derrota a punta de espada la guardia de franceses calvinistas y abre las puertas al ejército español.
Su hijo es el que, desafiando desalentadores presagios que templan más su acero, funda Jujuy, cerrando el prolífico ciclo fundacional. El coraje proverbial de su estirpe lo lleva a la increíble captura del cacique Viltipoco, sacado de sus sueños por el audaz capitán, que se filtra en plena noche en un cerro desconocido, erizado de guerreros enemigos. No le hace daño al prisionero, y el buen trato que le da, sumado a su afán apostólico, obra la conversión del jefe y gana el valle.
Lo dice Sierra: “en las duras jornadas, son misioneros los conquistadores y conquistan tierras los misioneros”.
(Próxima entrega: "Un gobernador exponencial del Tucumán").
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